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La oscuridad siempre me había dado miedo, y en aquel momento estaba demasiado asustada como para levantarme y buscar el interruptor de la luz. Mi arma contra la oscuridad siempre había sido mi peluche, Mimo, y dudaba mucho que mis nuevos amigos hubieran tenido el detalle de secuestrarlo también para mí.

Me metí bajo las sábanas y me tapé hasta los ojos, observando la habitación e imaginando cosas horribles.

Por suerte aquella noche me sentía tan drogui que me quedé dormida al momento. Fue un sueño profundo porque lo único que consiguió despertarme fue otro calambre en la mano.

El cuarto seguía pareciendo una cárcel. Me levanté, me estiré, me froté los ojos y salí de allí.

Todo daba miedo en aquel lugar, no lo entendía. No sabía a dónde ir pero quería encontrar un cuarto de baño porque tenía que cumplir mi rutinas de las mañanas.

Básicamente estaba tan dormida que no veía nada y me dediqué a recorrer los pasillos y abrir puertas al azar. Por muchas que abriera tampoco me encontraba con un alma. Qué poca decencia, ya que me tenían allí secuestrada me podrían haber llevado el desayuno a la cama, pensé.

Abrí una de las puertas y grité asustada cuando me encontré de frente con el chico con gafas, Jimin. Creo que también le asusté.

"L-lo s-siento." Tartamudeó un poquito, qué mono. "Yoongi estaba quejándose de que no te despertabas."

"¿Quién es Yoongi?" Le pregunté rascándome la cabeza.

"E-s el que tiene el pelo... rubio y-"

"Aaaah, te refieres a Jefazo."

Asintió, creo que quería sonreír pero no lo hizo. "Sígueme." No me miraba mucho a los ojos, será porque mis dos metros de altura y mis 200kg de masa muscular le intimidaban o algo.

Caminé a sus espaldas hasta llegar a la misma habitación de ayer, con la mesa, sillas y el sofá. Estaban los mismos que ayer sentados cada uno en un lugar.

"¡Buenos días secuestradores!" Grité. "Tenemos que discutir unos asuntos." Me intenté poner seria al mirar a Jefazo. El rubio suspiró y me dijo que me sentara, obedecí.

Noté los ojos de Conejo Joe sobre mí así que le devolví la mirada y le sonreí.

"Escucha." El Jefe se aclaró la garganta y cruzó las manos, "Tus amigos están en peligro, resumiendo, robaron algo que todos querían a alguien que no debían."

"Pues tenéis que hacer algo, no podéis dejar que les pase algo malo.."

"Querida, si no te has dado cuenta, nosotros también estamos en peligro, hemos robado lo que todos querían a Block B."

"No no, yo les diré que os dejen en paz."

"Ellos no son el peligro."

"¿Entonces quiénes son los peligrosos?" Levanté las manos, sin entender nada.

"Eso aún no lo sabemos."

"Ah muy bien, perfecto." Por si no lo habéis notado, eso era sarcasmo. "Pues genial, ¿y yo qué hago? Quiero volver a mi casa."

"Hablaremos con tu hermano de alguna forma y te quedarás aquí hasta que lleguemos a algún acuerdo."

Pegué la frente contra la mesa y resoplé. No era justo, no quería estar allí, todo el tema del 'peligro' era demasiado turbio y sabía que no me querían contar muchas cosas. ¿Y qué harían con un acuerdo? ¿qué tipo de acuerdo? ¿dinero o secretos por una pesada que hemos cogido sin querer?

"No soy una niña chica," me quejé.

"Venga, ¿cuántos años tienes? ¿15? ¿16?"

Abrí la boca super ofendida, "¡Tengo 19, caraculo!"

Vale, que soy muy bajita y tengo cara de niña y además mi cuerpo en tan delgado que ni de lejos me parezco a una de esas mujeres de las revistas con curvas y tetas. Vale, que no hablase en plan super culta ni me gustase ponerme en plan seria y tratar temas serios PERO, no era tonta, sabía cosas de la vida; como de dónde vienen los niños y que Santa Claus no existe.

"Boa." Yoongi me llamó "¿Cómo conseguiste abrir ayer el maletín?"

No sé si aquello era una broma o una forma de cambiar de tema, pero me reí. "Pues como cualquier otro maletín, duh."

Todo se quedó en silencio durante unos laaargos segundos en los que se intercambiaron miraditas los unos con los otros. Si no estaban hablando telepáticamente entre ellos, lo parecía.

"Eeeh, ¿qué pasa?"

Los miraba y pensaba en un nombre de grupo gracioso para referirme a ellos, quizás algo así como la Liga de la Injusticia o Mr.Secuestradores.

"No podemos abrirlo."

"¿Otra vez con eso? Chicos, no tiene gracia."

"Va en serio, no podemos." Conejo Joe hizo una demostración; era cierto, las dos partes de la cosa esa no se separaban. Lo deslizó por la mesa hasta que quedó frente a mí. ''Inténtalo tú.''

Encogiéndome de hombros repetí los movimientos de Joe y se abrió sin ninguna dificultad. De verdad que me costaba creer que no se estaban riendo de mí. Me fijé bien en su interior, y en la piedra preciosa que guardaba. Era bastante grande, de color morado como mis uñas, y relucía con un extraño brillo que la hacía parecer mágica. Por alguna razón, tenía el impulso de tocarla, era como el anillo del Señor de los Anillos o algo así. De pronto Jefazo cerró el maletín y me miró seriamente, como él solía hacer, y se fue de la habitación sin decir palabra alguna.

''J-Hope, Namjoon, tenemos que hablar en privado.'' Dijo. Los citados se levantaron y se fueron a alguna parte que no me importaba. Simplemente me quedé allí, con la cabeza apoyada en la mano y mirando fijamente a Jimin.

Era bastante mono, aunque parecía bastante introvertido. Él tan así y yo con tantas ganas de hablar con alguien; qué le iba a hacer, solía hablar por los codos y aquel lugar era super aburrido. Es decir, no tenía nada que hacer, no podía salir, no podía ver la tele porque no creía que tuvieran ninguna... infierno. Pensé en lanzar muchas preguntas a aquel chico de las gafas ya que era el único de la habitación. Me dio pena, porque Jefazo no le había llamado. Quizás podría aprovechar y hacer un nuevo amigo, porque no es que tuviera muchos amigos, tampoco es que me fuera posible cuando tu hermano pertenece a una banda mafiosa y eso. Jopé, ahora que lo pensaba, mis únicos amigos eran los de Block B y al parecer alguien quería eliminarlos.

Qué mal rollo.

Abrí la boca con la intención de preguntarle a Jimin cuál era su color favorito, cuando de repente noté un fuerte pinchazo en las sienes que me hizo gritar. Duró solo un par de segundos, pero fue como si todo a mi alrededor se moviera a cámara lenta y mis sentidos se intensificaran el doble. Pude escuchar hasta voces de personas incluso cuando no había nadie hablando en aquella habitación.

Cuando todo paró, me encontré con la respiración agitada y sudor por todas partes. Jimin me miraba con la boca abierta y con ojos asustados.

''¡¿Qué demonios me está pasando?!''

Dear diary (BTS)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora