capítulo ocho

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Mi madre y yo volvimos a casa. Ninguna casa quedó destruida afortunadamente. Realmente deseaba que los accidentes parasen después del fuego. Si Jungkook dejara de escuchar a los espíritus todo cambiaría.

Mi madre dormía y yo no podía hacer nada. La mayoría de las víctimas habían vuelto ya a sus casas, así que supuse que Jungkook también.

Salí a dar un paseo y me encontré con ser la única en la calle. Todo el mundo estaba demasiado asustado para salir o simplemente no podían moverse.

Me quedé parada delante de la casa de Jungkook debatiendo mentalmente si debería entrar o no. Jungkook me dijo que no lo hiciera, pero a la vez me dijo que nos veríamos de nuevo.

Miré por la ventana pero no logré ver a nadie. ¿Por qué diablos no tendrá Jungkook un teléfono como cualquier adolescente?

– ¿Hyeon?.– Una voz sonó a mi espalda. Me giré demasiado entusiasmada y mi sonrisa se borró de golpe. Era mi vecino, ese al que Jungkook llamaba guapísimo. Definitivamente no tanto como él.

– Hola, Jimin.

– ¿Qué haces aquí? Esta casa está encantada.

– Estoy esperando a un amigo.

– ¿Amigo? Nadie vive aquí.– Rió un poco y me miró extrañado.

– Jungkook sí.– Sonreí un poco mientras miraba hacia la ventana de nuevo.

– ¿Quién es ese? En serio, no deberías estar aquí.

El viento se hizo más fuerte. Y él tiritó un poco.

– ¿Como está tu pierna, Jimin?

– Bien.– Se encogió de hombros, incómodo. Estaba en muletas desde lo del fuego, había perdido la mitad de la pierna.

– Voy a entrar. ¿Quieres pasar? A Jungkook le encantaría conocerte, dice que eres bastante guapo.

– Umh... No gracias, debo volver a casa.– Ha. Está asustado.

– ¿¡Hyeon qué diablos estás haciendo aquí!?.– Esta vez sí que era la voz de Jungkook la que hablaba.

– ¡Jungkook!.– Salté a abrazarle.

– Uhhh.– Jimin hizo un ruido de confusión.

– ¿Quién es?.– Preguntó.– ¿Qué hace aquí?

– Es Jimin, mi vecino.

– ¿Qué hace aquí?.– Repitió.

– Hyeon yo solo...

– No te acerques a ella.

– Jungkook cálmate.

Jimin asintió deprisa y dio un par de pasos atrás.

– Fuera.

– ¡Jungkook!.– Le regañé mientras me giraba para ver cómo Jimin se iba lo más rápido que sus muletas le permitían.

– Estaba ligando contigo...– Le pegué en el brazo y él sonrió.– Vamos.

– ¿A dónde?

– Quedémonos aquí.

– Jungkook, eres tú quién me prohibe estar aquí.– Le recordé.

– Entremos.

– ¿Jungkook?.– Él me cogió la mano y me dio un beso en la mejilla.

– Necesitas entrar.

Murder House ☹ jungkookHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora