Jim

490 31 6
                                    



Escuchó interesado el debate, no creyó que encontrarse en aquel lugar lo sumergiría en un letargo que nunca había experimentado antes. Los que discutían demostraban un gran conocimiento del tema, y la fascinación lo atrapó justo cuando una pregunta medianamente importante para los panelistas se presentó para despertar su consciencia:

¿Pueden ellos mismos darse cuenta de lo que son?

Él lo estaba calculando en ese momento. ¿En qué forma debería de asemejarme a ellos? ¿somos todos de un mismo agujero? Hasta ese momento, creía que alguna maldición o algo más oscuro lo había vedado de emociones y de esos impulsos que embalan la existencia de los hombres petulantes que lo observan cuando él, privilegiado, camina erguido junto a ellos.

Sí, se aplaudía a sí mismo en secreto, somos todo lo que ustedes temen, somos la sangre, somos lo oculto, lo afásico. No quiso seguir soportando la simpleza con la que describían el poder alcanzable del sujeto en cuestión. Se levantó molestando a los de su fila y caminó entre ellos para salir de la sala que hacía eco con sus pasos violentos.

Siguió así, debatiendo con él mismo en el camino, ¿cómo podría hacerlos cambiar de opinión? ¿qué debería de hacer para que dejen de tenernos miedo y nos tengan, en cambio, terror?

Entró a su departamento y rápido comenzó a construir su nuevo plan. Analizó la habitación de su compañera y encontró en ella las facilidades que necesitaba. Apagó las luces y se recostó en el suelo junto a los sillones de la sala de estar para esperar la llegada de su amiga.

Estaba orgulloso, en tan poco tiempo ya sabía lo que debía hacer para transformarse en casi un delirio.

Cerebros (completa)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora