CAPITULO 4
Después de una media hora en el coche llegamos a un restaurante enorme, con la fachada en colores gises y beige, un letrero dorado decía "restaurante delicatezza italiana", nos acercamos a la puerta y allí un joven vestido de gris me abre la puerta del coche y yo me bajo apoyada en una mano que me tiende el muchacho, Hugo se baja del coche y le da las llaves, cuando entramos al restaurante, los tonos grises y dorados inundan mi visión, es amplio, las mesas están separadas por una especie de acuarios con un montón de peces nadando en ellos, son peces de mar y adornan bastante el lugar, las mesas negras contrastan a la perfección con los colores del local, en ese momento se nos acerca un hombre entrado en años y saluda a Hugo con confianza antes de acompañarnos a una mesita para dos central, el mantel gris está tan sumamente planchado que da pena tocarlo, se nos acerca una camarera y me pregunta que quiero tomar.
-si me trae una carta de vinos te lo digo ahora mismo-
-es esa que tiene ahí señorita-dice la camarera señalando el centro de la mesa, veo como Hugo me mira por encima de su carta y se ríe disimuladamente.
-¡ah!, no la había visto, pues si me da un minuto lo elijo-
-estupendo, les daré unos minutos- ella se aleja contoneando las caderas en todo el trayecto, se nota que a ella le gusta Hugo, solo hay que ver como lo mira y como le sonríe.
-si me dejas elegir, seguro que este vino te encanta- dice Hugo señalándome un tipo de vino en la carta.
-no veo lo que pone, no llevo las gafas, pero elije lo que quieras, de todas maneras... no conozco ninguno- digo riéndome en esta última parte.
-pues entonces, no se hable más- me dice sonriendo, con una mano llama a la camarera que en cuestión de 20 segundos está en la mesa y se recoloca el delantal, no me mira pues no para de mirar y sonreírle a él, a diferencia de ella, él ni se percata que está mirándolo así, le pide el vino y ella dice que lo trae enseguida, le echa un último vistazo a él y me mira a mí, pero sin embargo su mirada hacia mí es analizadora y con algo de envidia, aunque no sabría decir si es así o todo es fruto de mi imaginación.
-¿en qué piensas?, estás muy callada Alex- dice él sacándome de mis pensamientos, que por otro lado no tienen sentido, pues él y yo no somos absolutamente nada como para tener celos de ella, que a su vez es guapísima, rubísima, altísima y todos los "ísimas" que te puedas imaginar.
-no, en nada, solo estaba mirando este sitio...es...genial, y tiene pinta de caro- digo yo algo irónica.
-sí que lo es, pero no te preocupes por eso, tú intenta disfrutar y conozcámonos mejor ¿te parece?-
-no sé si quiero conocerte Hugo-le digo con la cabeza un poco baja, y es verdad, me da miedo conocer algo que me guste tanto que me haga pillarme de él, porque para él solo es sexo y nada más y mi concepto de sexo es otro muy distinto.
-¿pero qué es lo que no quieres conocer? ¿Qué es lo qué te da miedo?-
-pues... no se... no quiero que me llegues a gustar y luego ser para ti una noche y ya está-
-eso no lo sabes, si te soy sincero tienes algo en tu forma de ser, de hablar... hasta de andar, que aparte de ponerme terriblemente cachondo... me encanta- mi cara va tomado un color rosa, cada vez más rojo, la verdad es que ahora mismo no sé qué decir, si digo que no me ha hecho aunque sea la más mínima ilusión estaría mintiendo, pero si digo que me da menos miedo también estaría mintiendo.
Llega la camarera y nos trae el vino que hemos pedido y pedimos la cena, él sirve dos copas y me invita a probarlo, el vino es suave y dulce, me parece apreciar un toque a melocotón, pero supongo que son cosas mías.
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Solo una noche ©
RomantizmAlexandra es una chica de veintitrés años, camarera y con un pasado algo tormentoso, después de que su novio de toda la vida le pusiese los cuernos, no levanta cabeza, ha pasado por la ruptura de su novio y borrar a su madre mapa en el mismo segund...
