Emprender la misión.

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Desperté con los primeros rayos del sol. Delinee mis ojos y di un bostezo.
Levante con mucha pereza mi trasero de la cama y entré al baño para limpiarme la cara, cambiarme la ropa por otra más confortable, no podía luchar con un camisón de corazoncitos.
El agua fría me dio una sensación de gusto sumamente raro.
Aunque lo más raro que me había pasado fue haber soñado con zombis, como Di Angelo dijo, algo así como "te haré soñar con zombis por haberme dejado como idiota".
Hades nunca había hecho mención en mi presencia de que tenía hijos con mortales.
Mis ojos estaban hinchados -al igual que mis labios, como si hubiera estado la noche entera besando a alguien, alguien con quien lo hubiera hecho si no estuviera por pasar una tragedia- y el pelo totalmente despeinado.
Hice lo mejor posible para verme presentable, recogí mi mochila después de hacer la cama.
Luego de esos veinte minutos peedidos, salí del campamento con sigilo, nadie había despertado aún. Y yo estaba muy cansada.
Al pasar el campo de fuerza que protegía el campamento Media Sangre, mi sentido de orientación hizo que supiera que tenía que ir a el norte.

Mientras caminaba por la carretera una visión hizo que estuviera a punto de desmayarme. Son de esas visiones que sabrás lo que te pasará.
Se trataba de exactamente lo que pasaría.
Era una chica, de cabello mediano con una trenza, y un poco de flequillo en el costado izquierdo, caminaba tranquila por las calles de una ciudad muy transitada, de repente el olor a monstruo la inundó e intentó esconderse en un callejón esperando verlo.
Se trataba de una furia. Para la vista de un mortal; una anciana pacifista con problemas de artritis en las caderas.
Pasó delante de ella oliendo el aire. El aroma a diosa era tan fuerte como el de los demás. Subió de un salto al techo del edificio y con su arco apuntó en el blanco y como vino de repente, de repente todo se convirtió en risas maléficas.

Me di vuelta sobre mis talones observando todo, oli el aire, pero nada. Ahora estaba perdiendo mis nervios.
Había caminado tanto y tan rápido que me sentía hambrienta.

La noche se acercaba y mis pies dolían, quizás llamaría a Pegaso por que él me llevaría hasta el norte... No recuerdo el nombre del lugar pero no falta mucho para llegar... -nótese el sarcasmo- unos 3 días y luego unos cuantos problemitas aquí, y otros allí. Nada insuperable.

La visión me preocupaba más que la noche y lo cerca que estaba de algún monstruo. Quizás ahora no, pero en algún momento .

Alguien, y -no precisamente un mortal- reveló en mi, que correría un terrible, terrible peligro.

Pronto, llegué a lo que parecía un parque para niños, observé el ambiente. Las familias levantaban las cosas para irse pues se estaba haciendo la oscuridad.
Alguien en particular llamó mi atención, un vago que miraba fijamente hacia mi dirección.
Sonrió y despareció en un precioso polvo dorado.
"¿Quien sería?"

La noche fría cayó en menos de lo que esperaba, había llegado a un lugar de... Creo que los mortales lo llaman "ferrocarril". Hacia tanto frío y tenia tanta hambre que subí a un mmm, vagón de polizonte.

Saqué unas mantas de mi mochila y mi comida; ambrosía y néctar.
Comí tranquila, guardé lo que quedaba en su lugar ,y con las mantas me tapé acurrucandome en el montón de paja que se encontraba allí.

En medio de la madrugada desperté luego de una pesadilla, estaba agitada y sudada, el tren se mantenía en movimiento. Quizás por eso sería mi sueño espantoso.
Trate de buscar mi punto de relajación, en la pesadilla mi padre, Zeus, me castigaba de la peor manera; me encontraba encadenada al pico de una montaña y todos los días un cuervo de seis cabezas y ocho patas, comía de mi hígado, éste se regeneraba al otro día, y así eternamente. Como Prometeo.

Me senté un poco y descubrí, siniestramente que adelante de mi hacia más de unos minutos, me miraba un extraño, sin esencia, quiero decir no era un monstruo.
Tampoco un humano y los semidioses no saben controlar esas cosas.
Era lo que más temía por el momento, a lo más me daba miedo enfrentar, lo que más me hacia sentir frustrada; era un Dios.

Noe: ¿Quien eres? ¿Qué haces aquí? ¿Cómo lograste subir? ¿No podías ir en otro vagón? -tomé mi arco exasperada-.

El extraño sonrió, y dijo lo siguiente:

--: Querida Noemí, desde que te fuiste ¿te olvidaste de mi?

¿Recordar a un vago? Sí, vago era la palabra. Tenía un gorro negro y el pelo del mismo color, la vestimenta andrajosa y la cara sin lavar.
Nunca lo había visto antes, menos en el Olimpo, a no ser que... ¿No es el mismo vago del parque de niños?

Noe: Responde: ¿Quien eres? -rugi y0 lo apunté directamente-.

--: Recuerda: No todos quieren matarte. -dijo y desapareció en un polvo dorado, como la primera vez-.

Bajé el arco y suspire. Esto me pasaba por ser tan cabeza dura, por creer que podría hacerlo.
Fue un día frustrante, no pude descubrir nada importante. Yo sola no podía hacer nada, me siento totalmente inútil. Apenas podía respirar en el mundo mortal y me mandaron como su marioneta a hacer lo que ellos dicen.

Noe: "Sino sufrirás tu peor tormento" -dije cambiando mi voz a una más grave-.

Volví a sentarme y a cubrirme con las mantas.
No estaba tranquila, no lograría dormir, me dolía la cabeza y mi cerebro parecía estar exprimiendose.
La lágrimas quemaron mis ojos y cuando menos lo creí estaba llorando, llorando por mi, llorando por ser una diosa, llorando por no poder demostrar que yo podría hacerlo.
Lloré, por mi y por todo. Y así me quedé sumida en un sueño dorado.

Apolo se presentó con una maravillosa túnica violeta, me sonreía y abrazaba. Mi llanto se calmaba entre sus brazos.
Como cuando un padre mortal ayuda a su hija mortal al caerse de su bicicleta por primera vez.
Él me sonrió por última vez y la luz se hizo como pequeños rayos que inundaban todo.
Había amanecido, yo había despertado.
Con una sensación de que ése día sería diferente.


¡Rayitos de mi alma y mi corazón!
¿Cómo se encuentran hoy mis semidioses? ¡Cuentenme!
Si les gustó dejen un comentario.
Y si eres un fantasma y la lees, gracias. ¡Me gustaría saber tu opinión!
Realmente los amo.

Noe.

Hija de Zēus (Nico Di Angelo)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora