Un pequeño conde mentiroso

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<<Abril 8, 1:20 pm>>

Ciel

-¡Se... Sebas... Sebastian! - aunque al principio le pedí detenerse ahora no quiero que lo haga.
Él está sobre mi, besando y acariciando cada parte de mi cuerpo, no tengo idea de en qué momento nuestra ropa desapareció, mi respiración se agita más y más con el paso del tiempo y los gemidos amenazan con salir de mi boca
-Ciel... Ciel... Ciel... - Sebastian repite mi nombre una y otra vez haciendo pausas sólo para besar mi piel, su lento recorrido me está volviendo loco. Tengo un grave problema y él se está tardando en resolverlo, su rostro llega finalmente a la altura de mis genitales y antes de continuar con su labor susurra- Ciel... te amo...

....

Abro los ojos de golpe y tanta luz me deja ciego por unos segundos - maldición me quedé dormido - susurro para mi mismo mientras comienzo a recordar, llevo semanas soñando lo mismo. Lo peor es que lejos de desagradarme me fascina y me cuesta mucho trabajo disimularlo. Estoy consciente de mis sentimientos por Sebastian así como también estoy consciente de que él no puede sentir nada por mi, y no por que sea mayor que yo o por que también es hombre, esas cosas serian fáciles de ocultar. Sebastian no puede sentir nada por mi por que es un demonio, y los demonios sólo pueden sentir una cosa: hambre.
Hablando de hambre y del mayordomo ¿donde esta mi pastel?, escucho los pasos de Sebastian y me acomodo bien en mi silla, lo miro de reojo y no puedo evitar esbozar una leve sonrisa, me encanta ese rostro tan serio, ¡carajo! si sigo así se dará cuenta, no puedo ser tan obvio.
- Bocchan, lamento la tardanza, pero tuve un par de inconvenientes, aquí está su postre y debo informarle que la señorita Elizabeth esta al teléfono y quiere hablar con usted

De acuerdo, si voy a actuar más odioso de lo normal empezaré ahora - ¡¿Qué?! ¡¿Y por qué no me dijiste antes?! - me levanto casi corriendo de la mesa y me dirijo al estudio, realmente no tengo ganas de hablar con ella, pero debo esforzarme, no dejaré que Sebastian note mi debilidad. Tomo el teléfono y lo primero que escucho es esa aguda voz gritandome de emoción
-¡Ciel! ¿Cómo estas? ha pasado tanto tiempo desde la última vez que hablamos... - hace una pequeña pausa para decirme ya más calmada - te extraño - Aaahhhh... en serio que no estoy de humor para esto, pero es la única manera en la que puedo estar cerca de Sebastian sin que sospeche lo que siento por él
- Yo... yo también te he extrañado Lizzie
-¿En... en serio?
-¡Por supuesto! ¿Cómo no extrañar a mi prometida? - ¿estaré exagerando?
- Oh Ciel, me hace tan feliz escucharte decir eso, ¿Qué te parece si vamos a comer? En casa sólo estamos mi madre y yo, creo que nos haría bien salir ¿Quieres? puedes llevar a tus sirvientes, sé lo mucho que te preocupa dejarlos solos en la mansión - oh no... en fin, debo hacerlo, es por mi bien y por el de todos, ese demonio no me va a humillar
-¡Por supuesto! Eso me encantaría - Respondo dando una sonrisa falsa a pesar de que ella no me ve - ¿Las vemos en una hora?
-¡Si! hasta entonces.
- hasta entonces... Lizzie.

Cuelgo el teléfono, doy un largo suspiro y me dirijo lentamente al jardín donde mi mayordomo esta esperándome, creo que alguien se va a enojar. Pasados unos cuantos segundos llego a mi destino y me esfuerzo más de lo normal por ser cortante con él.
-Sebastian
-¿Si, joven amo?
- Recoge todo eso y llama a los demás sirvientes, comeremos fuera, Lizzy y la tía Frances nos han invitado, y paresurate que tengo demasiada hambre - Su mandíbula se tensa un poco, se ha quedado completamente callado ¿habré sido muy altanero? ¡No! ¡No voy a ceder ahora!
-¿Que esperas? ¿No escuchaste que rápido? Por favor Sebastian, se te quema la comida, tardas mucho en traer mi postre, dejas a mi prima esperando en el teléfono y ahora pareces sordo, estás volviéndote un incompetente -
-Disculpe amo, vuelvo en seguida
-Apresurate.

.......

Son cerca de las tres de la tarde, llegamos al restaurante favorito de mi tía, apenas va para una hora que vi a Elizabeth y ya me duele la cara de tener que sonreír, pero no me importa seguiré así. Bajamos de los carruajes y caminamos hacia la puerta del lugar, todos menos Sebastian que parece haberse olvidado de todo ¿En que estará pensando? me acerco a él y al mismo tiempo me aseguro de que nadie nos escuche -¡Sebastian! ¿que te sucede? ¿Planeas quedarte parado ahí toda la tarde?
- Disculpe joven amo, he estado un poco distraído hoy
- Ya lo noté - le digo con cierto toque de molestia- procura concentrarte, de nada me sirve un mayordomo despistado, si sigues así acabarás siendo sólo un estorbo
- Vaya... - Una sonrisa se dibuja en su rostro, a pesar de eso, sé que esta conteniéndose para no martarme y deborar mi alma aquí mismo - creo que alguien está un poco molesto
- Es tu culpa, ahora limitate a hacer tu trabajo en vez de estar haciendo chistes estúpidos - Sebastian esta a punto de contradecirme pero Elizabeth nos interrumpe
-¡Ciel! ¡Vamos, entren ya! todos estamos esperándolos en la mesa
-Claro que si Lizzy, ya vamos - Elizabeth me suelta y entra corriendo al restaurante doy unos pasos más para poder entrar y me doy cuenta de que mi mayordomo sigue de pie afuera, se ve más molesto que antes ¿Será que...? Por favor Ciel no pienses tonterías - ¡Sebastian! ¡¿Quieres decirme de una buena vez que rayos estas pensando?! Ah ya se... debe ser que tienes hambre ¿cierto? No puedo prometerte que tu próxima comida sea pronto, así que ¿por que no buscas algún alma por ahí? Ya me has contado que tienes permitido hacer más de un contrato a la vez - Se queda perplejo por unos segundos pero casi al momento recupera esa sonrisa irónica que me encanta, camina hacia mi, posiciona su rostro a un lado de mi oído y recita - Por que yo solo quiero a mi bocchan - esas palabras me dejan completamente en blanco, por un momento me lleno de ilusiones y puedo verme escapando de todo y de todos junto a Sebastian pero un cruel pensamiento atraviesa entre mis divagaciones "Sólo eres su comida" retomo mi forma fría de pensar y contesto
- como gustes, pero el que se morirá de hambre serás tú - me doy la vuelta y una vez más comienzo a caminar hacia el restaurante, no tienes idea de cuánto te amo Sebastian, pero aún así, no te voy a permitir que juegues conmigo, nadie juega con Ciel Phantomhive.

YUANFENHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora