CAPÍTULO 2 - Los hombres del trigo

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Mientras se agachaba para recoger las flores que su abuelo le había pedido, algo llamó su atención. Levantó la mirada, y, horrorizada, vio a su abuelo en el suelo, cubierto de sangre. Intentó correr hacia él, pero no podía; le costaba moverse, como si una fuerza invisible estuviera intentando retenerla. La nieve que rodeaba a su abuelo se empezó a volver de color carmesí, y poco a poco empezó a extenderse. Trataba de gritar, de socorrer a su abuelo, mientras la nieve roja hacía imposible que se moviera. Manoteaba, pegaba patadas, se revolvía. Se estaba ahogando en la sangre de su abuelo...

Se despertó de golpe, empapada en sudor y con el corazón latiéndole alocadamente. Había sido una pesadilla. Una pesadilla horrible, pero su situación actual lo era todavía más. Mientras sus sentidos se iban despertando también, notó que estaba acostada sobre una cama. Por un momento pensó en que era su habitación, replanteándose de nuevo si todo aquello había ocurrido realmente o había sido otra pesadilla más. Pero, al fijarse bien en la semioscuridad que le rodeaba, se dio cuenta de que estaba en una pequeña y simple habitación que constaba de su cama, una mesita a su lado y una silla al fondo.

La imagen de su abuelo y el recuerdo de la celda golpearon su mente. Se levantó y comprobó que, aunque estaba un poco cansada todavía, podía andar e incluso correr.

Tenía que salir de allí. No sabía dónde estaba ni quiénes le había metido en la celda y posteriormente llevado a esa habitación, pero tenía que escapar. Lo primero que pensó es en coger cualquier cosa que le sirviera como arma en caso de que la encontraran intentando huir. Se giró y miró la silla, donde estaba su camisón, sucio. Ahora llevaba una especie de bata gris. Se acercó a la mesita, y encontró lo que parecía instrumental médico. Cogió unas tijeras y localizó la puerta en la pared opuesta. Estaba cerrada.

Maldiciendo todo lo que conocía, se sentó en la cama, intentando tranquilizarse, respirando profundamente. Al cabo de un rato, el sonido de la cerradura de la puerta hizo que se levantara para esconderse tras ella apresuradamente. La puerta se abrió al instante, y todo pasó muy rápido; Eve empujó al individuo contra la cama y salió corriendo por un largo pasillo.

El frío suelo hería sus pies desnudos, y empezaba a faltarle el aliento. Llegó a una escalera, por la que comenzó a ascender. Todo estaba en penumbra, y se tropezó varias veces, pero seguía subiendo, como si en su interior supiera que arriba encontraría la salida de aquel sitio.

Comenzó a oír los pasos de una multitud que subía corriendo las escaleras. Estaba cansada, pero tenía que llegar. Iba a llegar. Sin embargo, la escalera parecía no tener fin, y cada vez los escuchaba más y más cerca.

Había subido unos seis pisos cuando notó que algo pinchaba dolorosamente su espalda, y su cuerpo comenzó a dejar de responder, haciendo que cayera sobre los escalones. Su vista se hacía borrosa, al igual que su oído.

Unas sombras la levantaron, o eso pensó Eve, pues no sentía su cuerpo. Todo cansancio había desaparecido para ser reemplazado por una placentera nada, mientras en su mente prefería estar muerta. Casi lo había conseguido, casi había escapado de aquel lugar y de aquella gente.

De repente la imagen de su abuelo apareció nuevamente. No había pensado en él. En si él también estaría preso al igual que ella en aquel extraño lugar. Se sintió la persona más miserable del mundo por no haber tratado primero de encontrarle, pero, poco a poco, su consciencia se apagó de nuevo.

Poco antes de abrir los ojos, notó que algo imposibilitaba el movimiento de sus extremidades. La habían atado a la cama mediante correas. Intentó mover brazos y piernas, pero las correas estaban atadas fuertemente.

Tras el forcejeo se quedó quieta, pensativa. Allí la tenían, y si tenía que morir, lo haría con la cabeza bien alta, mirando a los ojos a su asesino y al de otras muchas familias. Pensó en su abuelo, al cual no podría ir a rescatar si finalmente moría; pensó en Andrea y Lilia, a los cuales no volvería a ver... Y en nada más.

IN ALBIS: Euphorbia (INCOMPLETO)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora