La llegada a la fortaleza rebelde resultó ser de lo más agotadora. Por suerte, nadie le incordió con preguntas, y les mandaron directamente al hospital. Erick seguía en estado de shock, por lo que le administraron unos fuertes calmantes debido a todo el estrés que había sufrido.
Había mucha gente allí abajo, y los médicos no daban a basto, por lo que toda persona que pudiera caminar medianamente bien era mandada de vuelta a su habitación con los medicamentos o direcciones pertinentes. Le curaron y cosieron la herida de bala infectada que tenía en la pierna, por lo que la dejaron allí, lo que era peor para ella, pues no podría evitar a Rosier o a Silene si decidían aparecer.
Durmió todo un día entero, y cuando despertó se encontró con Lana, que había bajado a ver cómo estaba.
—Bien. Bueno, me duele la pierna y estoy llena de hematomas por el puñetero chaleco, pero estoy viva. Como todos -remarcó, para hacer saber que seguía dolida con ellos por haber pretendido abandonar a Erick a su suerte pese a haber ayudado al final.
—Oye, Eve, no tuve tiempo de decírtelo, pero gracias por ayudarme cuando me dispararon -dijo Lana, trenzando su larga cabellera color platino mientras miraba al suelo, avergonzada-. Y siento no haber podido ayudar del todo a Erick. Tú sí que lo hiciste conmigo.
—Al menos no te quedaste de brazos cruzados, después de todo. Gracias por ayudarme a mi también. Y por haber recibido un disparo por ello.
Lana rió, divertida, y comenzó a trenzarle el pelo a Eve.
—Salió bien, pero unos centímetros más y... -respondió, haciendo una mueca.
Lana era rara. Se tomaba las cosas como si tan solo se fijara en la superficie de estas, sin darle mucha importancia. Se arriesgó a ayudarles y ahora no daba importancia al haber podido morir, pero Eve le estaba agradecida en el fondo por no guardarle rencor, siendo su culpa. Al fin y al cabo, era Lana. Y precisamente por ser ella, era capaz de contagiar ese positivismo a todos, con el cual había sido bendecida en un mundo que les había mostrado su peor cara.
—¿Estás bien? He oído que la adrenalina te puso las cosas feas a la hora de anestesiarte para operarte.
—Sí, aún me duraba el efecto, creo -contestó, cayendo en la cuenta al fin de qué era aquella sustancia que se inyectó.
—No sabía que alguien pudiera sacar tantas fuerzas tras recibir un disparo -prosiguió Lana, abriendo los ojos como platos-. Es decir, te habían disparado en la pierna, y saliste corriendo para ayudar a Erick. Conozco los efectos de la adrenalina, pero lo que hiciste fue realmente... algo admirable.
Eve parpadeó y miró al techo.
—Sí, eso creo.
—Y... ¿has hablado con él desde entonces?
Eve la miró fijamente.
—No. No he tenido la oportunidad.
La puerta de la habitación se abrió, y tras ella apareció Rosier. Lana se puso en pie de un salto y se dirigió a la puerta, despidiéndose de ambos. Rosier se quedó allí, mirándola.
—¿Qué? -preguntó Eve.
—Esto me recuerda a la primera vez que hablé contigo. Pensé que eras una cría maleducada y que hacía lo que le daba la gana. Y a día de hoy sigo pensando lo mismo -siguió, sentándose al borde de la cama-, aunque me caigas bien.
—¿Ibas a dejarme atrás?
—Siempre vas al grano, ¿eh? No, no iba a hacerlo. Por eso grité que nos retirábamos. Teníamos un código entre nosotros para saber en qué momento lo haríamos, y todo el revuelo que causé fue para darte una oportunidad, aunque no estaba previsto ni que aparecieras por allí.
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IN ALBIS: Euphorbia (INCOMPLETO)
Science Fiction''No se sabe con certeza cuándo ni por qué motivo comenzó a nevar interminablemente sobre la faz de la tierra...'' Ya no queda nada fuera de los muros, salvo frío y soledad. La nieve se extiende a lo largo de todo el planeta. En una tierra...
