CAPÍTULO 7 - Rugido

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Todo se quedó helado. El aire, el ambiente, su piel, sus pulmones, su corazón. Sentía en su propia garganta la misma soga que se había cerrado sobre el cuello de su abuelo. La única que acción que podía llevar a cabo era respirar, y cada vez se hacía más difícil. Más y más difícil. Era como si una pesada fuerza tirara de ella hacia abajo, como si el aire que respirara pesara un tonelada. Sus ojos seguían clavados allí, en la plataforma.

Lágrimas silenciosas comenzaron a resbalar por sus mejillas al tiempo que comenzaba temblar violentamente. Ya no veía nada. Todo se había vuelto borroso. Solo alcanzaba a ver la luz filtrándose por sus pupilas. Ya no sentía frío, calor, u oía el alboroto de la gente.

Su cerebro no procesaba que acababa de caer de rodillas. No encontraba oxígeno. Entonces, todo se volvió oscuro, y su cuerpo cayó pesadamente sobre el suelo.

Tenía los ojos abiertos y la mirada perdida.

A partir de entonces, siempre notaría la cuerda alrededor de su cuello, cortándole la respiración, y poco a poco la vida.

Sintió la sensación de emerger del agua, como si hubiera estado sumida en un largo sueño en el interior de una bañera y haber despertado al romper su cabeza contra la superficie del líquido.

Sintió un torrente de aire que inundaba sus pulmones, como si respirara por primera vez en mucho tiempo.

Sintió sus extremidades tomando consistencia, como si se activaran tras haber estado muertas.

Unas voces le llegaron, confusas y entremezcladas.

''Sí, no parece grave'' alcanzó a oír. ''Le tomará tiempo, pero al final lo recordará todo'', fue lo último que oyó antes de volverse a sumir en un inesperado sueño.

Cuando despertó de nuevo oyó más voces que la vez anterior, por lo que le costó más situarse, y al intentar incorporarse, pero no hallar fuerzas, las voces se volvieron más confusas aún. Sintió que alguien se acercaba y le ponía una mano en el hombro.

Abrió los ojos y no vio nada. Pero, poco a poco, los colores y las formas fueron tomando lugar, y vio lo que parecía la silueta de Rosier.

-Buenos días.

Mientras luchaba por retomar de nuevo el control de su cuerpo, trató de responder, pero, en vez de la pregunta que quería formular, lo único que alcanzó a pronunciar fue un gemido. Se alarmó y se irguió todo lo rápido que pudo.

-¿Qué pasa? -preguntó Rosier, inclinándose sobre ella, sobresaltado-. ¿Qué ocurre?

Eve lo volvió a intentar. Volvió a pronunciar una palabra, una sílaba, lo que fuera. Pero de allí no salieron nada más que gemidos y balbuceos sin sonido.

No podía hablar.

Rosier pareció relajarse, y se sentó en la silla que estaba al lado de la cama.

-Escucha, Eve -dijo tras un leve suspiro-. Esto es normal. Tranquila. Ya nos dijeron que podría ser una de las múltiples causas del trastorno que seguramente has sufrido.

Ella miró hacia todos lados, nerviosa. Allí estaban Liam, Lana, Erick, y, al fondo, junto a la puerta, Silene. Todos la observaban atentamente, con cara de preocupación.

-¿Recuerdas... algo de lo ocurrido en la Ciudadela?

Ella se giró bruscamente y le miró a los ojos. ¿La Ciudadela? No recordaba haber estado allí tras ser secuestrada por ellos.

Ante la mirada nerviosa y la fuerte respiración de Eve, Rosier le cogió una mano y miró aquellos ojos grises hinchados e inyectados en sangre.

-Verás... Durante la misión a la que acudiste hace un par de días en la Ciudadela -empezó, lenta y suavemente-, pasó algo que alertó a los Guardianes y nos obligó a huir. ¿Recuerdas lo que fue?

IN ALBIS: Euphorbia (INCOMPLETO)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora