CAPÍTULO 8 - Recaída

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No recibió visitas en toda la tarde. Tampoco las quería. Lo único que deseaba era descansar. Ya había hecho lo primero de su lista, que era dejarles claro a los rebeldes su posición como aliada temporal, no como parte íntegra de su grupo.

Se despertó de noche, tiritando y con un agudo dolor en las sienes. Le ardían. Se tomó la medicación que le tocaba a esa hora y se sentó en la cama al tiempo que llegaba Erick. Cuando se desprendió de los paquetes que llevaba en brazos, se sentó frente a ella y poco a poco fue esbozando una sonrisa.

—Vaya discurso.

Eve sonrió levemente. De pronto, todas las preocupaciones parecieron irse, como si hubiera quitado el tapón a la piscina llena de odio, dudas e inseguridad de su mente.

—Fue... lo que llevaba dentro -dijo en voz bajita para no forzarse; bastante había gritado aquella mañana.

—Te dije que no hacía falta que les demostraras nada -dijo con cara preocupación.

Eve se miró las manos y fue recorriendo sus brazos hasta llegar a las heridas que le había provocado arrancarse la vía varias veces. Se las frotó, suspirando.

—No quiero formar parte de ningún bando. Quería dejarlo claro.

Erick se irguió y arqueó las cejas, sorprendido.

—¿No vas a seguir con nosotros?

Eve le miró. Había más tristeza que reproche en aquellas palabras.

—Mientras sigamos teniendo un objetivo en común... Supongo -expresó.

Erick asintió con la cabeza, un poco más relajado.

—No voy a negar que os necesito. Tenéis todo de lo que yo carezco. Me da igual si acabamos con el Comité mano a mano o cada uno por su lado, pero tengo claro lo que quiero hacer. Y no voy a desviarme de mi objetivo porque vosotros, en algún caso, lo hagáis.

Miró la cajita de música. Si finalmente decidiera marcharse de allí, algo poco probable, le echaría de menos. Y a Rosier.

—De ahí el discurso. No quería demostrar nada a nadie, pero quiero que sepan que no estoy con ninguno. Pese a que me aproveche de vuestra situación, no quiero que me reconozcan por pertenecer a ésta u otra facción.

Esperó a que Erick procesara toda la información.

—Y llegado el momento... ¿Te irás?

—Si es para lo que tengo que hacer en el caso de que las cosas se compliquen, sí.

En aquel momento, se dio cuenta de que realmente le tenía cariño. El semblante de tristeza que apareció de la nada en su rostro lo confirmó. Se sentía mal. Iba a dejarles de lado tras acogerla, entrenarla y darle una segunda oportunidad.

Pero no podía desviarse de aquello que se había propuesto hacer. Lo haría aunque le costara la vida.

—Y... ¿Cómo...? ¿Cómo lo llevas? -preguntó él, titubeando; se arrepintió de aquella pregunta al ver cómo le comenzaban a temblar las manos.

—Bien -contestó ella.

Respiró hondo y comenzó a juguetear con los dedos. Era cuestión de estar tranquila y relajada para no desestabilizarse.

—Lo he superado.

Bajó la mirada. Todo aquello que se removía en su interior le hacía olvidar el origen de tales sentimientos. Lo había superado. Estaba segura.

—¿Por qué nos odias?

Eve alzó la cabeza, esperando encontrar la cara triste de hace unos segundos, cuando lo que vio fue a Erick tan serio como nunca le había visto. Ahora el que estaba preguntando aquello era él.

IN ALBIS: Euphorbia (INCOMPLETO)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora