SE FUE EL DOLOR

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Pasé todo el día sin levantarme de la cama, ya que mi pierna tenía que reposar. Ahmed no dejó de charlar conmigo, ni siquiera cuando llegaron las altas horas de la noche. Pero hubo un instante en el que ya no podía más y me dejé llevar por el sueño.

Me trataron estupendamente los días que pasé tumbado. Me dieron de comer sopas de amapola para calmar el dolor, me contaron cuentos sobre héroes del desierto, me enseñaron las partes, los poderes y las utilidades de las plantas...

Y cuando mi pierna se recuperó del todo, mi estancia allí mejoró incluso más. Solía pasar los días en el vivero, donde la temperatura era más fresca y agradable y las flores le daban color a la enorme sala de cristal. Abdallah se convirtió en un amigo fiel y leal, que me ayudó y me enseñó más que cualquier persona en toda mi vida.

Tormenta apareció seis días más tarde, sedienta y mugrienta, pero siempre conservando su brillante pelaje negro.

Había olvidado cualquier trato con el reino de Gingharian, ahora mi vida solo tenía sentido si aprendía. Pasé tres semanas maravillosas, con el trasero pegado a la silla de un aula pequeña pero apasionante por las mañanas, y caminando en el vivero por las tardes.

GINGHARIAN. MICRORRELATOHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora