Climatizados;
vertiginosos;
fugaces; pendientes;
deudores; deseosos...
Anhelantes de un punto fricción;
de una fuente viva de calor;
en busca de tus pecho baje
mis labios; enredé tu pesón;
con la humedés de mi lengua.
Subía lentamente por tu cuello;
bese cada unos de tus lunares;
hasta llegar a tu sensible oreja;
y susurré a tu oído; que esta noche no dormirías hasta no extaciar nuestras a almas por medio de los sentidos de nuestros cuerpos.
Me tomaste; te atreviste;
baje por tu ombligo;
en línea recta;
hasta en el encuentro con la laguna de tus deseos; baile al son de un movimiento redundante con mi lengua besando los labios de tu Venus; el punto estaba casi logrado; me tenías donde querías...
Pero faltaba algo; era el momento;
mi momento; nos haríamos uno;
ya era hora.
Levante mi cabeza;
y vi tu rostro, tus ojos lo pidieron;
pervertidos; allí estabamos;
lo tomastes; lo dirigiste a tu nido;
entre en el bidón,
en el hueco del placer...
Lo empuje; desentranqué la puerta;
me acompañarón tus gemidos;
y tus rasguños marcaron mi entrada.
Forcejé, te di una razón más para aclamarme; un conjunto de emociones y sentires invadieron nuestra atmósfera;
el aire se tornó más pesado, mi respiración se acortaba con cada uno de tus excitantes gritíos...
Te tomabas de mis hombros;
clamabas y yo respondía,
pedías y yo daba;
yo sujetaba tu deliciosa cintura;
estrujaba tus enlunados senos;
inclinaba mi cuerpo; retríbuía mis andares; y besaba tus labios;
tus suspiros me otorgaban nuevas fuerzas;
y tu expreción de placer me excitaba aún más.
Extaciada; sonriente; cerrabas tus ojos; y viajas en el tren del clímax que mi pluma te proveía.
Bebí de tu néctar;
saboreé el candor de tu piel;
nuestro olor se penetró en nuestras almas.
