CAP. 3
La noche y la mañana siguiente se pasan demasiado rápido, cuando menos lo pienso, ya estoy montada en la camioneta de mi abuelo con los audífonos puestos y el reproductor de música de mi teléfono abierto, mientras escojo una canción, simplemente pongo la primera que queda con mi humor. Así que comienza a reproducirse una canción sumamente alegre.
Le he dado vueltas a lo que Jean me ha dicho, ¿y si de verdad soy especial? ¿y si en verdad Alex tiene intenciones más allá de la amistad conmigo?, comienzo a ponerme roja.
-¿En qué éstas pensando, pervertida?- me pregunta Jean, mi abuelo ésta arreglando algunas cosas de la cafetería, dejando algunas cajas con víveres en la cocina para que mi abuela no tenga que cargarlas, pues está lastimada de la espalda y mi tío y mi primo estarán ocupados en la cocina, ¿por qué voy con mi abuelo? No lo sé, mi abuela me dijo que dejará de estar encerrada con Jean todo el día en la cafetería o en mi habitación, que saliera más y viera lo bonito que se pone el pueblo en ésta temporada.
-No estoy pensando nada pervertido, idiota- le contestó.
-Ésta bien, no te molestes- dice levantando las palmas en un gesto conciliador- ¿segura que no quieres que vaya?
-No, eres capaz de decirle que me gusta y mandar su primera impresión de mí al caño- le digo, mientras le dirijo una mirada fulminante.
-Okay, okay, mejor no insisto o seguro me matas- dice alejandose un poco de la ventanilla de la camioneta.
-No lo dudes- murmuro en un tono que según yo es amenazante; Jean solo se ríe, así somos ella y yo, podemos insultarnos y amenazarnos la una a la otra, pero siempre lo tomaremos a juego. Cuando conocí a Jean, el verano antes de entrar a jardín de niños, recuerdo que no me caía para nada bien, llegué a pensar que era una mocosa de campo, pero bueno, yo era una niña de menos de seis años que creció en una ciudad grande. Yo era una mocosa de ciudad que había crecido rodeada de lujos y Jean era todo lo contrario a mí; pero como dicen por ahí, los opuestos se atraen; como los imánes, Jean y yo terminamos atrayendonos y siendo las mejores amigas.
Mi abuelo, sale de la cafetería.
-Mei, ¿éstas segura de que quieres ir conmigo? ¿no quieres quedarte con Jean?
-¡Qué pregunta señor Tom!- dice Jean en un tono algo jocoso- tiene una razón excelente para querer ir- dice guiñandome un ojo.
Mi abuela también se acerca a la camioneta, y me sonríe con ternura:
-¿Puedo saber cuál es la razón por la que accediste de tan buena gana?- pregunta poniéndome un mechón de pelo detrás de la oreja con ternura.
-Te prometo que cuando vuelva te lo contaré- miro a Jean- no le vayas a decir.
-Bien, bien, no lo haré.
-Bueno, vámonos- interrumpe de pronto mi abuelo- entre más rápido nos vayamos, más pronto volveremos.
Mi abuelo solo tuvo hijos varones, por lo que nunca tuvo la necesidad de tener celos de alguien que le gustara a alguno de sus hijos, en ese caso era mi abuela; no puedo creer que mi abuelo este teniendo una especie de semi-escena de celos. Arranca la camioneta, gira la llave varias veces, ese es el problema que tiene, que no arranca a la primera y hay veces en que ni siquiera enciende al girar la llave, creo que tuvimos suerte de que quisiera encender. Así que tomamos la calle principal, que recorre todo el pueblo, de una punta a otra, mi abuelo sigue derecho y, más o menos cuando llevamos recorrido alrededor de un kilometro, da vuelta en el taller. Es un edificio de dos pisos, que por fuera sobre sale un porche, y al entrar se ve sucio, grasiento y desordenado. Mi abuelo estaciona la camioneta y la apaga con un simple giro de muñeca.
-Venga, vamos- me dice- hay que bajar.
Nos bajamos, el taller es mucho más grande de lo que creí, ocupa lo mismo que una casa de cinco habitaciones, y ésta dividida por cortinas, que ondulan un poco por el ligero viento que entra por la enorme puerta de la cochera; se escuchan sonidos de metal y distintas herramientas, creo que incluso escuché el sonido de cuando se usa la pintura en spray.
Mi abuelo camina hacia la cortina.
-Erick, ¿eres tu?- pregunta mientras retira la cortina a un lado; quien ésta detrás de la cortina no es Erick, es mucho más guapo, muy alto, tiene el pelo teñido de negro y sus ojos son grises. Está sentado ante una motocicleta Hard Drive*.
Lleva una camiseta de tirantes y negra un pantalón de mezclilla desgastados y manchados de grasa y aceite y unos tenis grises rotos en algunas partes.
-Señor Tom- dice mientras se levanta y camina hacía nosotros, se limpia las manos en una toalla y la estira para estrecharla con la de mi abuelo- mi padre esta allá atrás, fue a recoger la herramienta.
-Ah, claro- dice mi abuelo- lo esperaré aquí, entonces.
Es entonces cuando Alex me mira a mí, el gris de sus ojos es cálido, al contrario de los de muchas personas que he conocido (incluso otras que sus ojos ni siquiera eran de color gris); su mirada me parece demasiado intensa y entonces comienzo a sentir calor alrededor de mis mejillas.
-Hola, Mei- dice acercándose, sonriendo un poco nervioso, se acerca y me saluda con un pequeño beso en la mejilla, si pudiera sonrojarme más, justo ahora parecería un tomate o tal vez una cereza.
-H-hola, Alex- digo recibiendo el beso.
En ese momento aparece el padre de Alex, Erick, un hombre bajo, con grandes entradas a los lados de la cabeza, el cabello café opaco, lleva una camiseta de mezclilla, manchada de grasa que parece que le hubieran arrancado las mangas, su barriga prominente y su ropa que parece que no ha visto el jabón ni el agua en bastante tiempo, hacen evidente el descuido que aquel hombre ha tenido desde que su esposa lo dejó.
-Buenas, Tom- dice como no queriendo la cosa -bien, voy a revisar tu camioneta, pero, por lo que me dices creo que debe de haber algún corto en el motor- se acerca a la camioneta con la caja de herramientas en la mano.
-Bueno, supongo que si- dice mi abuelo acercandose también.
Siento unos toques delicados en el hombro y volteo a ver a Alex; me mira atentamente.
-¿Qué pasa?- le pregunto.
-Bueno, me preguntaba que si, no sé, ¿quieres pasar a tomar un vaso de refresco o algo?, hace mucho calor.
-Bueno, creo que me parece bien.
-Entonces, creo que deberíamos avisarles.
-Bueno- me giro hacía donde están, con la intención de decirle a mi abuelo, pero Alex se me adelanta.
-Um... papá, señor Tom, estaremos adentro.
-Si, ésta bien, Alex- dice Erick distraídamente. Mi abuelo se gira y me mira, tiene las cejas enarcadas y el rostro serio, conozco demasiado bien esa cara y su significado: no hagas nada estúpido y/o imprudente; asiento de manera que ni Alex ni su padre se den cuenta, parpadea una sola vez en forma de asentimiento.
-Venga, vamos- dice Alex; creo que hemos tomado confianza demasiado rápido, pero es que, la verdad, él me gusta mucho.
Lo sigo por una puerta de madera vieja y desvencijada y luego por un pequeño pasillo para llegar a una sala de estar espaciosa, o eso es lo que me parece al principio, pero veo después que esta dividida por una barra para sentarse a comer y detrás de ésta una cocina que a pesar de ser vieja se ve bastante limpia.
-Eh, Mei, ven, vamos a sentarnos acá en la barra- dice mientras camina a la cocina.
-Ah, si- digo distraída, y lo sigo.
-¿Quieres refresco de manzana?
-Si, está bien- he estado mirando a todos lados de la sala y he notado que solo hay uno o dos pares de fotos regadas por aquí o por allá en la sala; pone frente a mí un vaso de cristal transparente lleno de refresco de manzana que burbujea, me quedo mirándolo un par de segundos. ¿En qué estoy pensando? La verdad es que, sigo reflexionando acerca de que este chico y yo nos hemos tomado confianza demasiado rápido, solo comenzamos a hablar un día en la cafetería y eso fue suficiente para que me saludara con un beso.
-Eh, niña, ¿me estas escuchando?
-¿Qué?- pregunto algo atontada, me ha sacado muy repentinemente de mis reflexiones- lo lamento, me he quedado pensando en otra cosa, ¿qué me decías?
-Que, a pesar de que nos acabamos de conocer, creo que me gusta estar contigo.
-¿Ah, si? A mí también, me agradas, eres una persona interesante y divertida, o al menos, esa es la impresión que me das.
Y a partir de ahí, comenzamos a charlar, conociéndonos mejor, preguntándonos por cosas como nuestros cumpleaños.
Al final, Erick reparó la camioneta y tuvimos que irnos; fue triste, pero al mismo tiempo, lindo, pues Alex me acompaño hasta la camioneta y ya ahí nos despedimos; incluso abrió la puerta para que yo me subiera.
Al llegar a casa Jean trato de bombardearme con preguntas, pero subí al cuarto y me escondí debajo de las mantas y me negué a decirle nada, después de un rato de picarme las costillas y ver que no reaccionaba se rindió y se fue, dejándome sola con mi felicidad.
*Hard Drive: Marca de motoclieta del Planeta X, que, en nuestro planeta sería una Hardley Davidson
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Verano En Huntville
ContoEn un mundo denominado Mundo X, fuera de nuestro sistema solar, hay gente como nosotros, tienen ciudades, vida, familia, mascotas; y en éste planeta se encuentra el pueblo de Huntville, donde Mei pasará un verano con la ilusión de pasar una aventura...
