Hospital

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Volví a ser consciente durante un momento, lo poco que vi fue un coche plateado, que era pintado por los reflejos de las luces rojas y azules de los autos de policía y de la ambulancia, al igual que las personas que caminaban apresuradas de un lado a otro, entre todo ese tumulto distinguí brevemente a Jean, a Charlie y a mis abuelos.
Un rostro se metió en mi campo de visión, abarcándolo todo, a este también lo teñían los reflejos de las luces, se hubiera visto gracioso, si no tuviera pintada una expresión de preocupación.
-¿Mei? ¿Mei, me escuchas?- lo escuchaba, pero como si la voz viniera del final de muy, pero muy largo túnel.
Hubiera tratado de asentir, si un dolor tremendo no hubiera invadido mi cuerpo al intentar levantar la cabeza; el hombre siguió hablando.
-Soy el agente Rubber, del departamento de policía de Little Town- sentí que mi cuerpo se despegaba del piso, y sabía porque, en realidad no estaba en el piso, estaba en una camilla y la habían levantado para subirla a la parte de atrás de una ambulancia- te llevaremos al hospital en Little Town, Mei...
Todo comenzó a nublarse y dejé de escuchar al agente Rubber, como si hubieran cerrado de golpe la puerta al final del túnel desde donde me había estado hablando.
Caí de nuevo en el oscuro vacío de la inconsciencia.

Cuando desperté estaba en el hospital de la ciudad vecina Little Town, que se encontraba al sur de Huntville.
Miré hacia un lado y vi a mi abuela sentada en una mullida butaca, sobre el regazo tenía una manta y un libro; miraba abstraída algo en el televisor de pantalla plana que estaba empotrado en la pared frente a mi cama.
-Abuela- al hablar mi voz sonó rasposa, mi abuela me miró y se levantó casi de un salto.
-Ay, mi niña- dejó la manta y el libro a un lado, se acercó a la cama y me acarició la cara dulcemente.
-¿Qué...- tragué saliva en un intento de que mi voz sonara un poco más normal- ¿qué pasó?
-Sufres de una ligera confusión o pérdida de la memoria por el trauma del golpe que te diste en la cabeza al caer, eso es lo que dijo el doctor, pero también dijo que estarás bien.
-Abuela- insistí- dime qué pasó, por favor.
Mi abuela me miro con un dejo de miedo en los ojos y después co  tristeza.
-Tuviste un accidente- se veía que no quería o no podía continuar, pero la miré expectante y espere pacientemente a que siguiera hablando- saliste con Alex en su motocicleta, iban a tener una cita.
"Alex nos dijo que cerca de la zona de la carretera donde ocurrió todo hay un pequeño claro y que ahí había planeado tener su cita contigo. Nos dijo que habían tenido una discusión y que corriste para alejarte de él, saliste disparada hacia la carretera, cuando el alcanzó la orilla de la  carretera tu ya estabas a la mitad. Según los oficiales el conductor iba a exceso de velocidad y no logró frenar cuando te vio."
Entonces lo recordé, después de esforzarme un poco, recordé la discusión entre Alex y yo y las lágrimas amenazaron con salir.
-Mei, si te duele mucho puedo pedir a una de las enfermeras que suba un poco la dósis de tus analgésicos.


-No, abue, mejor pide a la enfermera unas aspirinas o algo así, mi cabeza duele y quiero tratar de volver a dormir, ya es bastante tarde, ¿o no?- y vaya que dolía, al parecer me había forzado de más recordando y esto había resultado en un horrible dolor de cabeza. Además de que debía de ser bastante entrada la noche, pues la oscuridad que se percibía al otro lado de la ventana era profunda y no podía percibirse nada al otro lado más que un par de luces del alumbrado público de la calle.

Mi abuela le llamó a una enfermera que se llamaba Lucy, le pidió las aspirinas, sin embargo respondió que no, que el doctor había dicho que si me llegaba a doler la cabeza y tenía problemas para dormir me diera unas pastillas de Melatonina*. Aceptamos y la enfermera se fue por el pasillo hacia la farmacia. A los pocos minutos volvió con un vaso de papel diminuto en la mano derecha y otro de plástico de tamaño normal en la izquierda. En el vaso pequeño llevaba las pastillas y el normal estaba lleno de agua. Me tomé las pastillas de buena gana y esperé a comenzarán a hacerme efecto, tardaron un rato, pero después de alrededor de cinco minutos mis párpados comenzaron a sentirse pesados y mi cuerpo ligero, dejé caer la cabeza hacia atrás sobre la almohada y de un momento a otro me sumergí en un profundo sueño sin ensoñaciones, solo vacío y descanso.

*Melatonina: Es una hormona producida principalmente por la glándula pineal en el cerebro que nos ayuda a provocar el sueño por la noche.

Verano En HuntvilleDonde viven las historias. Descúbrelo ahora