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Mientras me visto no puedo evitar mirarme al espejo. Veo el reflejo de dos ojos rojos y ojerosos que me observan, de manera cansada. Aparto la mirada, no tengo tiempo para esto.

Bajo las escaleras apresuradamente y al entrar en la cocina me la encuentro hecha un desastre. Barro los cristales rotos y limpio la suciedad. Parece que haya pasado un huracán.

Recuerdo haberla dejado sin recoger, pero tengo la incómoda sensación de que me olvido de algo. Desayuno en treinta segundos y salgo de casa.

Seis Sesenta y SeisDonde viven las historias. Descúbrelo ahora