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Suena el timbre. Tan pronto como lo oigo abro los ojos de golpe. No puede ser. Otra vez hoy no, por favor. Me levanto de la cama, y bajo lentamente las escaleras. A cada paso que doy le acompaña un crujido de la madera de cada escalón. La casa está a oscuras, no he encendido ninguna lámpara. Llego a la entrada y pulso el interruptor de la luz. Giro los pestillos y abro la puerta.

Una sombra corpulenta y alta está frente a mí. Puedo ver el brillo de sus ojos mirándome atentamente. Va completamente vestido de negro. Creo que lleva algo en la mano, una especie de libreta o cuaderno. Él es el primero en hablar:

- ¿Es usted Roger Smith? - dice mientras lee en su libreta. Su voz es firme y tranquila. Creo que es policía.
- Sí, soy yo -intento que no se note el miedo que tengo- ¿viene a preguntar por mi hermano? ¿Ya se ha metido en algún lío?
- ¿Hermano? No, no nos estamos entendiendo -me da su tarjeta -Soy Bob Dickson, me envía el INCA (Instituto Nacional Contra el Alcoholismo) para recogerle a usted, a Roger Smith, e ingresarle en nuestras clínicas.
- Lo siento pero se han equivocado, quien tiene problemas con el alcohol es mi hermano, no yo -contesto algo nervioso. Me pongo a la defensiva.
- No hay error posible, siento tener que decírselo así pero...
- ¡Vengan mas tarde, cuando llegue mi hermano a casa! Basta ya de estupideces -contesto, acelerado.
- Si no viene por las buenas, tendremos que llevarle por las malas -contesta, con seriedad. Se da la vuelta mientras yo me quedo clavado donde estoy, sin saber que hacer.

Seis Sesenta y SeisDonde viven las historias. Descúbrelo ahora