Cinco años atrás. "Abrazos"

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            Habían vuelto. Sin gritos, sin peleas, sin lágrimas ni reproches. Habían hablado, habían sido sinceros, sin mentiras ni engaños, sin insultos. Habían hecho lo que mejor se les daba: ser amigos. Y lo habían solucionado todo. Él le había perdonado aquel beso —que sospechaba que habían sido muchos más—. Ella le había perdonado su huida de los problemas y que la dejara tirada. Ambos habían olvidado.

De eso hacía ya dos meses. Ahora todo era mejor, o al menos eso le parecía a Anais. Dani, Erik, Karina (cuando estaba) y ella se habían vuelto inseparables. Aunque cada uno mantenía sus amigos y la muchacha seguía saliendo con la gente de su edad, de vez en cuando quedaban los cuatro (o los tres) y pasaban grandes ratos juntos. Erik, que al principio le había dado tanto miedo, ahora solo le transmitía ternura. Karina y Dani comentaban a menudo lo bien que se llevaban los dos y lo mucho que se apoyaban mutuamente.

—Parecen hermanos —le comentó a Dani un día que Erik había cogido a la muchacha a hombros por la calle, como si fuera una niña pequeña.

—Se comportan como si lo fueran. Siempre están juntos, hasta en los recreos. Hablan y hablan sin parar. Ella le cuenta sobre sus amigos. Él suele hablarle sobre ti.

Karina se rio, adulada.

—Me gusta como es Erik cuando está con ella. Parece otro, más risueño y menos silencioso.

—Anais despierta otro lado de su carácter —asintió su amigo.

—La quiere mucho. En realidad, no para de hablar de ella. A veces, me dan ganas de ponerme celosa —bromeó, riendo.

Dani soltó una alegre carcajada.

—Celosa de una niña de catorce años. Lo que te faltaba.

—Ay, ya ves. Sería otro problema más. Pero es tan adorable y tan inocente. Pura adolescencia. ¿Te acuerdas de cuando yo era adorable e inocente?

El muchacho le aplastó las mejillas con las manos extendidas y volvió a reír. Sus ojos chispearon.

—Tú siempre serás adorable, Karina —afirmó poniéndole morritos.

Ella le abrazó, feliz.

—Ay, eres el mejor —suspiró.

—Lo sé. Deja a ese capullo de Erik y vuelve conmigo, mi amor.

—No me lo digas dos veces, que lo hago.

—No, por favor, que entonces sería aún más pesado.

—Podrías así liarlo con Anais.

—¡Anais es una niña inocente! No quieras pervertirla.

—Tiene catorce años. Le quedan dos meses para crecer, si no lo ha hecho ya.

—¿Te refieres a...? —Dani hizo una pausa y movió los ojos de forma extraña—. Ya sabes, la regla.

—No, tonto. Me refiero al sexo, a descubrir si te gustan los hombres, las mujeres. Esas cosas.

—Aaaah, yaaa. No creo que a mi niña le gusten las chicas, siempre ha estado enamorada de algún chavalín.

—Eso no lo puedes saber. Yo descubrí que era bisexual cuando tenía ya quince años.

—Pero, cielo, tú siempre has sido muy lentita. —Le acarició la cabeza con una sonrisa beatica.

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⏰ Última actualización: Jul 25, 2016 ⏰

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