El Hueco Del Coche

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Él tenía su sitio en el coche, era suyo, de nadie más, todos los sabíamos y no nos habríamos atrevido a sentarnos allí. Daba igual que él no viniera con nosotros, su sitio quedaba vacío.
Nunca habíamos entendido por qué no podía sentarse en cualquier otra parte y si le preguntabas él encongía los hombros y afirmaba que ese era su sitio.
Aparte de eso él era por lo general un chico normal, quizás un poco maniático, pero supongo que eso ya lo habréis notado. Creí que podría decir que era mi mejor amigo, podíamos confiar el uno en el otro y nos dejábamos absolutamente todo, menos el hueco del coche.
Su sonrisa era agradable, no de ese tipo de sonrisas que te dejan con la boca abierta por la perfección de los dientes, él tenía alguno torcido, pero querías seguir mirándola, puede que por el hoyuelo que se le formaba en la mejilla izquierda. Sus ojos eran de un marrón oscuro profundo y decían mucho más que sus palabras.
Denifinitavemente él no era de esos chicos inolvidables de los que te acordarás el resto del día sin que salga de tu cabeza. Y aún así después del accidente siempre quedó vacío su hueco del coche.

Memorias al respirarHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora