Caminaron varias cuadras cuando se detuvieron para cruzar la calle. Pero Melissa vio algo que siempre había querido hacer.
-¡Mira!-dijo emocionada señalando algo que venía. Javier volteo y vio-¡siempre he querido subirme!-dijo sonriendo emocionada al ver el bus rojo tan típico de aquella ciudad
-entonces vamos a subirnos-dijo al ver que el bus de dos pisos se había parado en frente de ellos.
Al subir ella rápido cumplió su sueño y se sentó en el segundo piso. Javier la siguió y se sentó a su lado.
-¿nunca te habías subido a uno?-le pregunto viéndola, ella veía para todos lados y acomodaba a cada rato su cabello que se alborotaba con el viento
-no, siempre que venía a Londres era del avión a un carro, hotel, carro, avión-dijo moviendo sus dedos
-¡pues entonces disfrútalo!-sin decirle más dejo que ella pudiera disfrutar de aquel momento. Melissa volteo a verlo, él la veía con una linda sonrisa, estaban sentados juntos así que sus caras habían quedado muy cerca. Melissa miro sus labios y después sus ojos. Ella volvió a voltear hacia el lado que veía anteriormente, nerviosa suspiro, pues la mano de Javier se acomodaba entre su hombro.
-cuando pasemos por un lugar interesante nos bajamos-dijo Javier después de unos minutos de recorrido
-Entonces creo es el momento-ella señalo algo a espaldas de Javier, él volteo
-el “Big Ben”-dijo sonriendo. Rápido se pusieron de pie y bajaron del bus. Cruzaron una de las calles y casi corriendo llegaron a un puente. Desde ahí se podía ver perfecto ese lugar donde estaba el Big Ben junto con las Casas del Parlamento.
Estaban los dos juntos, la gente pasaba caminando en frente de ellos, quien se imaginaria que la aventura apenas empezaba. Ella miraba detalladamente el lugar, Javier hacia lo mismo pero no pudo contenerse, y pausadamente rozo la dedos de la mano de Melissa. Ella al sentir no hizo ningún movimiento para evitarlo. Tanto la mano de Javier como la de ella temblaban, hasta que él decidió agarrarla por completo. Melissa sonrió tímida y volteo a verlo. Él la miro y sonrió. Pero el sonido de un auto los interrumpió.
-mmm…porque no nos subimos al Ojo de Londres-dijo ella mirando donde se encontraba lo que era una gigantesca rueda de la fortuna
-¡Vamos!-
Hicieron una pequeña fila y por fin subirían. Iban aproximadamente 10 personas más con ellos así que iba a ser cómodo el paseo.
-¡es espectacular!-dijo Melissa mientras la gran rueda subía lentamente. Javier se acerco a ella y se acomodo a su lado. Los dos sonreían ante grandes postales que grabarían para su mente. Sin bajar su mirada, ella puso su mano arriba de la de Javier. Él se estremeció. Pero es que nadie ni siquiera su novia había logrado hacer sentirlo así, tan especial.
Ya casi al terminar el recorrido Melissa saco su iPad rápidamente
-Hay que tomarnos una foto-le dijo poniendo la cámara de su aparato. Javier la abrazo. Unieron sus mejillas y Melissa tomo la foto. Donde salían con una gran sonrisa.
-¿a donde iras después de aquí?-le pregunto Javier mirando sus zapatos mientras caminaban
-Ámsterdam-sonrió
-¿pero tienes que tomar un avión para llegar haya no?-
-y ya es momento de ir al aeropuerto y comprar el boleto…-agacho su cabeza, y empezó a desear que Javier le dijera que la acompañaría-¿y tú a donde iras?-
-aun no lo sé, pero también pienso ir al aeropuerto…ahí me decidiré-
-¡espero hagas una buena elección!-lo miro rápido y después fijo a cualquier lado
Preguntaron cómo llegar al aeropuerto. Una joven les dijo claramente. Ellos entendieron e hicieron lo que había dicho aquella chica.
-bien llegamos-dijo Javier bajando de un taxi. Espero a que bajara Melissa y cerró la puerta. El taxi se alejo
-ahora sí, mucho gusto conocerte Javier, piensa en lo que te dije…haz una buena elección-se acerco a él y le dio un beso en la mejilla. Camino lentamente y volteo a mirarlo de nuevo, él estaba de espaldas, deseando que caminara a su lado pero no lo hizo. Melissa sonrió y entro al aeropuerto.
-un boleto a Ámsterdam-dijo Melissa
-¿en que clase le gustaría viajar?-pregunto una joven de cabello rubio sonriente
-tercera clase-¿tercera? pensó, pues ella siempre viaja en primera clase, pero ahora le daba igual lo que quería era seguir su viaje. Después de otras preguntas más la señorita le dio su boleto
-su vuelo sale en 30 minutos, así que puede ir a la sala de abordaje-
-gracias-
-¡Que tenga un buen viaje!-
Melissa camino lento y buscaba a Javier, tal vez y podía acercarse a él nuevamente y decirle que quería que viajara con ella, pero no lo miro por ningún lado.
-tal vez decidió a donde ir…-dijo susurrando
Entro a la sala de abordaje, hizo una pequeña fila, paso su equipaje, después checaron su documentación. Después del chequeo todos abordarían el avión. Melissa miro hacia atrás, tal vez Javier venia, pero no.
Subieron al avión, esperaron unos 15 minutos, y subieron los últimos pasajeros. Melissa saco su libro y empezó a leerlo. Rápido recordó la frase que Javier le había dicho y le fue inevitable no sonreír de nuevo
-“Cada vez que conoces a alguien tu vida cambia y, tanto si te gusta como si no, nosotros nos hemos encontrado, yo he entrado en tu vida y tú en la mía”-repitió ella cerrando sus ojos
-¡y no es la única que se me!-dijo una voz haciendo que rápidamente abriera sus ojos asustada. Al mirarlo sorprendida sonrió
-¿así? ¿Y cuál otra te sabes?-dijo emocionada
-lo podemos dejar para después…-los dos rieron
-¿qué haces aquí?-pregunto Melissa acomodándose en su asiento pues del susto casi se ponía de pie
-joven, puede tomar asiento, el avión va a despegar-interrumpió una aeromoza
-perdón-dijo Javier sentándose rápido-bueno pues tu me dijiste que hiciera una buena elección…y creo que una buena elección es estar contigo-lo dijo lento, y su corazón se sentía al latir que se le salía de su pecho-¡si…viajar juntos por Europa!-
- ¿juntos? ¿Estas tres semanas?-pregunto tragando saliva
-¿te parece? Porque llegando a Ámsterdam bajando del avión me puedo ir y…-
-¡no!-dijo casi gritando-me parece buena idea ¡Será fantástico!-dijo ahora un poco más tranquila
-ok…entonces que se agarre Europa que andamos sueltos!-los dos rieron a carcajadas y mas al ver como un niño los veía desde los asientos de enfrente con una risa penosa.
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