La broma perfecta

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      En realidad, Sarah nunca les había querido contar como obtuvo las tarjetas, los huevos podridos y el pescado caducado, pero lo cierto es que lo tenían. Ya el cielo estaba oscuro y la luna menguante no ayudaba mucho en la iluminación, copos de nieve gruesos caían en un baile furioso. Zac venía abrigado con gorro y todo, pero el frío se le metía hasta los huesos. Él fue el primero en llegar al estacionamiento, no estaba repleto de carros, los de algunos profesores y otros de algunos chicos que ya podían conducir.

   Dos veces al mes los dejaban ir los sábados al centro comercial o incluso al centro de Londres, algunos chicos iban a visitar a sus padres si vivían cerca. El punto era no salir del perímetro ¿Cómo sabían si seguían las reglas? A cada alumno se le ponía un brazalete de seguridad con GPS incorporado y Londres era una ciudad segura generalmente, así que no había mucho problema.

     Las veces que él salía eran para reponer sus suministros escolares o para visitar la biblioteca pública, incluso se había encontrado varias veces en alguna heladería disfrutando de un helado y un buen libro, era una de sus cosas preferidas.

—Ya era hora de que llegara alguien —Dijo Zac por lo bajo cuando vio a Sarah acercándose, también estaba cubierta de ropa.

—Zac, te tomas la puntualidad muy seriamente, sé que dije a las nueve pero, vamos, son las nueve y cinco ¿Hace cuánto llegaste?

—A las nueve, como dijiste —A Zac le gustaba el frío pero aquello era demasiado y lo ponía de mal humor—. ¿Por qué hace tanto maldito frío?

       Sarah se carcajeó—¿Acaso eso que oí salir de tu boca, Zacharyas Morgan, fue una maldición?

—Lo siento, este frío me pone de malas ¿Cuánto tiempo van a tardar los idiotas? ¿Acaso tendré que cavar mi tumba aquí en la nieve?

—Con suerte, no. —Sarah lo miró a los ojos tratando de detallar algo en ellos, como si esperaba encontrar un gran secreto.

—¿Pasa algo? —Dijo él extrañado.

—Zac, Zac, Zac. —Ella abrió los ojos un poco más de lo normal y volvió a ocurrir, empezaron a despedir ese brillo azul que lo ponía medio bobo— Mírame a los ojos.

—¡Está pasando otra vez! —Gritó él.

—¿Qué está pasando? —El brillo se intensificaba cada vez más, parecía querer colarse en su cerebro. Zac se dio cuenta de que por cada segundo que pasaba podía resistirse incluso más— Nada está pasando, Zac.

—¿¡Como haces eso!?

       Al final Sarah rompió en risas—Lo sabía.

—¿Qué? —Respondió él energéticamente— ¿Qué sabías?

Sarah lo interrumpió antes de que siguiera haciendo preguntas— Eres un Aethra, igual que yo.

—¿Un qué?

—Esto será una larga historia —Ella se subió al muro en el que estaban recostados mientras la nieve empezaba a caer más ligera—. La gente como yo... Y ahora también como tú, somos casi humanos, mortales, pero mejores. La razón por la que estamos aquí es para ayudar a la humanidad ¿Contra qué? Te preguntaras. Aún hay hambre, enfermedad y conflictos. Luchamos contra demonios, pero somos muy pocos, aún hay ángeles en la tierra que nos ayudan pero lo más nos ayuda son los dones que nos dieron. El Ángel Aethriel planteó su propuesta, que crearan un grupo de humanos mejores, enseñarles las verdades entre el cielo y el infierno y por todo lo que tenían que luchar, por defender a los humanos de la maldad, pero no a entrometerse en sus vidas. Así no se rompería el tratado sobre el libre albedrío, solo podemos trabajar con todos los asuntos que tienen que ver con demonios. La mayoría son sobre ellos, pero somos pocos y ellos son muchos. Al principio los Aethras éramos una orden que logró la paz durante muchos años, pero el Ángel Daeriel, estaba celoso de todo el éxito que había tenido el otro Ángel, así que hizo un trato con otro demonio, Azfal'Gur, un Ángel caído, pero no como cualquiera, él sabía más sobre los poderes angelicales que ningún otro, con su ayuda podría crear otra raza.

>>Solo había un problema, ellos no podían crear nada que no fuera una aberración, así que decidieron usar a los humanos, corromperlos y engañarlos hasta que "ellos mismos" decidieran dar su alma a sus señores demoníacos, sin alma, desalmados, así se les llama a la gente cruel ¿no? Bueno, tiene una buena razón de ser. Son peores que malos y no sienten culpa, en otras palabras, están malditos. Cada día hay más y más mientras nuestras filas decrecen. Y por eso estoy aquí.

     Zac escuchó todo pero tenía la mirada perdida en el piso, preguntó en una voz neutra— ¿Por qué estás aquí?

—Por ti, Zac, cada tanto tiempo, el mismo Ángel Aethriel decide tomar un cuerpo humano para ayudarnos con la lucha, tu eres el próximo, mi pueblo les llama recipientes, personas con almas tan fuertes que no se romperían al compartir la presencia de un ángel en un solo cuerpo.

—¿Y qué tal si no quiero ser poseído por un ángel? —Al fin la miró, sus ojos oscuros. Ella no esperaba eso, pero aún así sonrió, tenía una respuesta para todo.

—Tú te lo pierdes —Se bajó del muro, al ver que ya sus amigos se acercaban—. Ah, y no solo me refiero a todo el asunto de la posesión, me refiero a todo el potencial y poder que te perderías. Nunca me rendiré, me niego a ver el mundo arder. Contigo o sin ti, con Ángel "salva-culos" o sin él.

—Hey, chicos ¿Qué pasó, acaso tenían una escena romántica por aquí? —Preguntó jocoso Cory.

—Claro, Cory, acabamos de tener un trio con un extraterrestre de lo más gentil ¿No has visto la nave pasar volando? —Respondió Sarah como si lo que dijera fuera verdad.

—¿Se puede saber por qué carajos llegaron tan tarde?

—Son las 9:15, Zac, relájate —Respondió Matthew con ceño fruncido, no terminaba de comprender la furia de su amigo.

—Quince minutos en los que Sarah y yo nos hemos estado congelando. —Sarah lo miró por un momento aún estaba en el muro y se preguntó si él decidiría hacer lo correcto-

—Como sea, chicos —Dijo sin dejar de mirarlo—. Mientras más rápido empecemos más rápido podremos volver a nuestras habitaciones ¿Alguien sabe dónde están las cámaras?

     Matthew sacó su teléfono y les mostró un mapa del estacionamiento, les explicó que se había dado cuenta que la señal de las cámaras iban de la casilla de la seguridad hasta la dirección, solo había hackeado la señal para obtener las posiciones de las cámaras.

—¿Puedes hacer que dejen de funcionar? —Preguntó Sarah— Eso sí que es cool.

Zac rió antes de que Matthew respondiera— Si dejan de funcionar vendrán a investigar, pero puedo congelar la imagen, dudo que se den cuenta si la cinta corre o no.

—Genial, lo que sea que signifique eso. Con las tarjetas de los chicos les pague a las cocineras por los huevos y el pescado podrido y les di unas cuantas libras esterlinas de regalo por su silencio —Los chicos rieron después de eso—. Los huevos, el pescado podrido y la mofeta están en las escaleras, pasé horas buscando "Alquiler de mofetas" en internet y déjenme decirles que no es nada barato, pero como no es nuestro dinero, está bien ¿tienen las chinches? —Cory asintió y le mostró dos bolsas completas de chinches—. Genial, entonces este es el plan, Matt, congela la imagen de las cámaras, abrimos la puerta con los controles de alarma de los carros, que por cierto fueron más fáciles de conseguir de lo que pensaba, y hacemos un revoltillo de pescado apestoso, luego ponemos las chinches debajo de las llantas y les terminamos de arruinar el día.

—Me das miedo —Dijo Cory—, pero me encanta.

Sarah volteó los ojos sonriendo— Muy bien, manos a la obra.

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           Muy bien, este es el final de este capítulo, espero que lo hayan disfrutado ;D. Se que he estado ausente, pero tengo una buena excusa, fue mi cumpleaños y los días que le siguieron fueron muy flojos, no estaba en mi "mood" para escribir pero ¡Ya lo tengo otra vez! Así que continúen con la historia para seguir conociendo más a los Aethras. Si les gusto el capítulo le pueden dar a favoritos y si tienen alguna sugerencia mi buzón siempre estará abierto. Gracias por leer.  ;) 

         ¡Nos vemos el próximo miércoles!

Azul marDonde viven las historias. Descúbrelo ahora