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En un instante me encontré encima de mi padre, aporreándolo , pateandolo, escupiéndolo y maldiciéndolo, todo al mismo tiempo. por fortuna papá no era un hombre corpulento. y loo bueno era que cuando yo intervenía en los altercados que él tenía con mi madre, nunca se volvía contra mí. de alguna forma, en algún lugar de su mente entenebrecida, supongo que provoque un impacto,  un aviso de la realidad que lo hizo interrumpir el abuso e irse tambaleando  del establo. pero yo todavia no habia terminado con él. lo seguí, gritándole a voz en cuello. 

"¡algún día te mataré! ¿me oyes? ¡te mataré!". le arroje un martillo, pero erré el tiro. "te mataré cuando estés dormido! ¡te daré una puñalada  con el cuchillo de la cocina, te lo enterraré hasta el corazón y lo retorceré de lado a lado!". papá nunca se volvía para mirarme. 

Luego escuche la voz de mi madre suplicando ayuda. No podía ponerse de pie. yo tampoco podía levantarla. era demasiado pesada para mí (mamá era de poca estatura y pesaba más de 130 kilos). Me arrodillé a su lado, limpiándole la sangre del rostro y llorando con ella. 

Mi Viaje Del Escepticismo Hacia La Fe.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora