En una tarde cálida me encuentro echada en el césped, cierro mis ojos para notar la calidez del Sol en mi piel desnuda y la suavidad y frescor de la hierba al mover mis brazos, aspiro el aroma y reconozco el familiar olor de las amapolas a mi alrededor, echo de menos esas amapolas que habían en la entrada de casa, todos los días habían unas nuevas, rojas, amarillas, moradas, blancas, nunca faltaban en aquel estante que siempre se veía nada más entrar por la puerta principal. Siempre entrabas y el perfume de las amapolas y la vieja madera adornaban la casa, todas las tardes iba a esa casa y escuchaba tus historias, grandes historias según mi parecer, algunas muy alocadas, otras imposibles, dramáticas, nunca te ha faltado imaginación eso si que lo he sabido desde siempre, por eso al entrar por aquella puerta de roble antiguo sabía que me esperaba escuchar otra de tus maravillosas aventuras.
Respiro de nuevo ese aroma, "se siente genial estar aquí" pienso lanzando un suspiro el cual es arrastrado por la brisa, en verdad si que echo de menos esas aventuras, ahora que no estás aquí, tengo que seguir con mi vida sin tus relatos, "los anhelo con mi alma" dirías tú si estuvieses en mi lugar, pienso mientras una tímida sonrisa florece en mis labios, aunque es cierto que pienso lo mismo que tú.
Ahora, aunque no estés tú aquí, es mi turno de contar tus aventuras a aquellos que me quieran escuchar y tal vez, con un poco de suerte, cuente yo las mías.
Gracias por todo.
Firmado: Las amapolas.
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Cortos
De TodoBásicamente estos van a ser pequeños relatos para desahogarme, no tengo intención de hacer una historia ni nada, solo escribir y lo que suceda a medida que lo vaya haciendo ya es un misterio.