New people...

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Entra mi madre. «Perfecto. Es justo lo que quería.» Mi sarcasmo a ful. Ja, ja.

—¿Interrumpo algo? —pregunta mirando a Mark y luego a mí.

—No... —respondemos al unísono.

Se forma un incómodo silencio, pero Mark pronto lo rompe.

—Eh, yo... creo que ya me voy —dice, y por lo que veo está algo incómodo—. Veo que estás mejor —me dice y me sonríe. Yo asiento y agrega—: Bueno, fue un gusto pasar tiempo contigo —se levanta de su silla y me besa en la mejilla.

Creo que me sonrojo un poco porque baja su mirada, y al irse hace una leve inclinación de cabeza hacia mi mamá, y sale. Pero antes de irse me sonríe.

Mi madre me mira extrañada, y algo asombrada. Camina hacia mí y se sienta en donde se sentó Mark.

—¿Y eso?

¿Que qué fue eso? ¿O en general?

—Ah. Pues fue un beso —le digo y sonrío inocentemente.

Se aclara la garganta y me mira fijamente a los ojos.

—Ya sé que fue un beso —dice seria, pero sé que está aguantándose las ganas de reír y curiosear—. Pero ¿por qué ese chico estaba aquí?

Ahhh, era eso.

—Pos nada.

Me mira con cara de: «No te creo ni un punto de lo que dices».

—Ya. Cuenta cuenta —me dice casi emocionada.

«Ayyy, ni que fuera para tanto. Tampoco es que no haya hablado con un chico en toda mi vida.»

—Es que salí del baño y vi la puerta abierta. Entonces me asome para ver si había alguien, y... —«Ay, joder, me olvidé de preguntarle porqué había entrado en esta habitación.» invento algo rápido— se confundió de habitación, así que entró pero yo no me había dado cuenta... Yyy —exagero la "y" para dar la emoción que mi madre quiere— me di cuenta demasiado tarde, ya que ambos caímos. Me ayudó a levantar y pues, lo invité a pasar; y conversamos —saco la parte del recuerdo que me vino, y agrego una que otra cosita —. Y así la pasamos —esbozo una sonrisa inocente.

Se queda pensativa y me mira.

Me mira fijamente.

—¿Qué? —me intriga su mirada, y le pregunto.

—¿Qué qué? —me pregunta.

—¿Por qué me miras así? —abro los ojos para dar un toque dramático.

—Nada, sólo que te quiero mirar —me mira y ríe. Y yo me río junto a ella.

—Ah. Si es así pos si. Me hubieras dicho, que querías mirarme —le digo a mi madre, divertida.

—¡Ah! ¡Con que esas tenemos! —arquea una ceja mirándome divertidísima— ¿Es que ahora no puedo ni mirarte y tengo que pedirte permiso? —pregunta y yo asiento, mientras trato de no reírme. Ella cruza sus piernas, y se sienta recta, así mirándome. «Oh, esto se va a poner bueno.»— A ver niña...

—Adolescente —le corto.

—Ya —pone los ojos en blanco y sigue—. Adolescente —dice recalcando en esa palabra—. Yo soy...

—Adolescente puber a punto de entrar en la, tan deseada, dichosa y llena de júbilo, etapa de la juventud —me mira como si fuera una cosa rara, y yo sólo me río en silencio.

—Lo que sea... —suelta, por no repetir lo que dije— Como decía, yo soy tu madre, y por lo tanto tengo derecho a mirarte cuando, como y donde yo quiera... —no puedo evitar reír, y ella también ríe, saliendo de su actuación de persona justa o lo que sea que sea; y juntas parecemos locas.

No paramos de reír hasta que llega alguien y se aclara la garganta.

Mi madre y yo dirigimos nuestras miradas a esa persona. El doctor. «Wao, ¿tanto hemos reído que ni hemos sentido cuándo ha entrado el doctor?» Nos mira serios, pero su semblante se va relajando poco a poco.

—Creo que por lo visto hace rato, hemos progresado bastante. ¿No Ailiz? —me mira enarcando una ceja.

—Uhm, sí doctor. De hecho me siento mucho mejor —respondo y le sonrío.

—Es verdad —agrega mi madre—. Ella se ha recuperado bastante rápido...

—Pero no lo suficiente —le corta el doctor—. Aunque claro, ahora ya puede salir de la habitación —dice y yo sonrío.

Bueno, al menos puedo salir de esta habitación. Esa idea me pone de buenas.

El doctor nos sonríe antes de irse y, tras él irse, mi madre suelta un gritito de emoción.

—¡Puedes salir de esta habitación, Ailiz! —me abraza muy emocionada. Tanto así que luego de un momento siento que no puedo respirar.

—M... a... má —logro decir, y ella inmediatamente se aparta.

—Lo siento hija —me dice mirándome algo apenada por casi dejarme sin respiración—. Es que me emocioné por lo que escuché...

Le sonrío, negando, diciéndole que está bien. Y ella asiente comprendiéndolo.

Luego de unos minutos, mi mamá sale del cuarto.

Pasaron unos días, poquísimos en realidad. Yo me acomodo en la cama y, como la puerta está abierta, veo a Mark caminando. Me levanto y voy hacia él sigilosamente, para darle un susto.

Llego a él, lo noto un poco tenso, pero hasta ahora él no me ha notado.

De un momento a otro, no sé cómo, pero ambos estamos sentados en el suelo, yo sobándome la frente y él cubriendo su boca.

Y por segunda vez, nos caemos.

Distant memoriesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora