De lo que pasó después de la fiesta de máscaras

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Hermione maldecía a Draco mientras su cuerpo tiritaba sin control y ella castañeaba los dientes. Ya había superado su coraje por tener que bañarse con agua fría, después de todo, no podía no bañarse, estaba echa un asco, y tampoco podía permitir que él entrara y la viera desnuda, pues eso habría dañado su ya de por si frágil determinación de odiarlo y mantenerse lejos de él, aunque fuera por su propio bien. Prueba de ello, eran los recuerdos que la estaban atormentando en ese momento, que eran la verdadera y actual causa de enojo

- ¿Malfoy? - había dicho ella genuinamente perpleja cuando por fin había reunido valor para abrir los ojos y descubrir la identidad de su misterioso compañero de fiesta

- ¿No querías que fuera yo verdad? - dijo él ladeando la cabeza y sonriendo con una extraña mueca que ella no supo identificar

¿No quería que fuera él? No. Eso no era correcto. Más bien lo correcto sería decir que no creía que fuera él, pero no estaba desilusionada, estaba si acaso, preocupada. ¿Qué significa esto entonces?

- No puedo creerlo. ¿Tu de verdad sabías quien era yo?

- Claro Granger, ¿quién más podría tener ese arbusto en la cabeza que tu?

Ella bufó sonoramente. No le estaba diciendo nada nuevo y sin embargo ¿era su imaginación o no sonaba como un insulto?

- Entonces oficialmente me rindo. No te entiendo Malfoy. ¿Qué pretendías?

- Bueno veamos, primero pretendía pasarla bien en la fiesta. Justo como te lo dijimos cuando nos presentamos con ustedes. Pero después pretendía aprovechar que estábamos cubiertos todos por máscaras que nos impedían saber quiénes éramos y aunque yo supe quien eras de inmediato, pensé que sería divertido pretender y empezar de cero. Tu no hubieras bailado conmigo si hubieras sabido quien era. Tampoco hubieras estado tan relajada, siempre que estás conmigo estás como a la defensiva escondida detrás de un muro infranqueable.

- ¿Y por qué será? - lo interrumpió ella

- ¿Lo ves? Pero si de verdad piensas eso Granger, es que eres una hipócrita. Pues tu misma me dijiste ese sermón de que debíamos dejar atrás viejas rivalidades y rencores, que todo había cambiado después de la guerra y bla, bla. Pensé que si trataba de ver las cosas de tu perspectiva y realmente pudiéramos empezar de ceros quizá podríamos hasta ser amigos. Pero me equivoqué. Te había juzgado muy mal Granger. La realidad de las cosas es que me gustas. Y si tu no fueras tan terca y tan orgullosa podrías ver que yo te gusto también y que la realidad es que te mueres por tener algo conmigo ¿o vas a seguir negándolo? - dijo él acercándose nuevamente a ella y haciéndola suspirar y mirarlo embobada

- Háblame Hermione - dijo él casi rozando sus labios y entonces ella sólo reaccionó por instinto y atrapó sus labios con los suyos comenzando a chuparlos y morderlos como para convencerse de si había alucinado o realmente sabían tan bien. Pero mientras más profundizaban ese beso más se daba cuenta que él tenía razón. Le gustaba. Por Merlin que le gustaba. Todo acerca de él. Esa extraña galantería que le había mostrado durante la fiesta, su sonrisa, sus ojos, su olor, su sabor, un extraño cosquilleo bajó desde su vientre hasta su entrepierna. Le gustaba más de lo que su cabeza le había dejado pensar. Quizá a su cabeza no le gustara, pero a su cuerpo sí que le gustaba. Y  como ese era un día feriado, Hermione decidió darle el día libre a su cerebro. Se merecía un descanso. Y ella se merecía a Draco Malfoy y el extraño cúmulo de sensaciones que su boca y sus manos estaban despertando en ella. Pero cuando ella más hipnotizaba estaba por él y sus besos, él rompió el contacto de sus bocas, ligeramente, se separó sólo lo justo para hablarle con voz ronca que la terminó de derretir

De cuando Hermione amaneció con resaca en casa de DracoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora