Isak me mira. -¿Ah sí?-. Sonríe. Levantó las cejas. -No me crees.-. El rueda los ojos. Me acerco y lo agarro de su camisa para atraerlo hacia mí y besarlo. Nuestras bocas juntas, era como estar en el paraíso.
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Lo pegue contra la pared. Nos despegamos lentamente. -Vamos.-. Dije. Él me miró pícaro.
Lo agarre de la mano y corrimos por las calles de Oslo. Entrelace la mía con la suya mientras reíamos.
Después de un rato llegamos a una entrada a un campo muy rústico.
Lo mire. -Even... ¿Adónde vamos?-. -Ya lo sabrás cuando estemos ahí.-. Dije.
Nos adentramos en el camino de tierra y piedras para luego llegar a una hermosa pradera.
-Cada vez me sorprendes más-. Dijo. Yo le guiñe el ojo.
Veo como las luces de colores al final de esta iluminan el lugar. Me fijo en Isak. Su rostro se ilumina.
Nos acercamos y acomodo muy bien la manta que estaba ya puesta en el pasto.
El se sienta y yo también. -Isak yo...-. El se tira encima mío y empieza a besarme apasionadamente. -Te amo.-. Dice. -Yo también.-. Me doy la vuelta y quedo encima de él. Me pongo del otro lado y lo miro.