Capítulo 3

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LUEGO DE ESTAR JUNTAS OTRO RATO MÁS, durante el cual se aseguró de que su prima estaría bien cuidada y controlada, Lilum se despidió y partió montada sobre un unicornio, animal mágico que las hadas usaban para poder recorrer su plano en forma más rápida. Recorrería grandes distancias para dar las buenas nuevas, pero intentaría hacerlo lo más rápido posible. No quería dejar a Alejandra sin su atención, por más que confiaba en Juliann para observarla. ¿O quizás no quería dejarlos solos?

Él no tardó en llegar para hacerle compañía a la futura reina, o mejor dicho, como Alejandra pensaba, para hacer de niñero. Ella no sabía de qué hablar con él, por lo que la mayor parte del tiempo pasaban largos ratos sin emitir palabra. Era obvio que ninguno de los dos se sentía del todo cómodo en presencia del otro.

Alejandra lo miraba y escudriñaba su figura, intentando descifrar por qué Juliann le resultaba tan familiar, pero no terminaba de entender el motivo. Él también la miraba, quizás intentando del mismo modo descubrir algo que ella desconocía.

—¿Qué te parece si te llevo al bosque? —preguntó él, finalmente, animándose a hablar.

sonrió. Nunca había ido al bosque desde que estaba en ese lugar, al menos no más lejos del borde del mismo, ya que este comenzaba cerca del palacio. «Puede resultar interesante», pensó. Ese mundo tenía centenares de maravillas por descubrir y ella vivía sorprendiéndose todo el tiempo, hasta por el más mínimo detalle, como el hecho de que los unicornios fuesen reales y que hubiese delfines mágicos en el lago, los cuales de tanto en tanto daban algún espectáculo para divertir a las hadas.

—Me encantaría —respondió, entusiasmada ante la idea de salir de ese encierro. No sabía qué tan cómoda se sentiría caminando por ahí junto a su niñero, pero cualquier cosa era mejor que estar sentados sin decir palabra.

Poco tiempo más tarde, ambos se encontraban bajando la colina por el caminito de piedras celestes, yendo rumbo al misterioso bosque que parecía nunca acabar, donde la joven había podido ver, desde lejos, millones de luces bailar.

Caminaron hasta la entrada de dicho bosque, donde se detuvieron. Cerca de allí se podía ver a un grupo de hadas, desnudas, bañándose en un lago. A ellas les encantaba la naturaleza y casi no pasaban tiempo en ninguna otra parte. No necesitaban tener casa propia ya que no precisaban dormir ni preparar alimentos. Era por eso que el enorme palacio en el que Alejandra ahora habitaba era más que suficiente para todo el grupo de hadas de la zona, que solo pasaban allí una minúscula cantidad de tiempo.

—Quiero mostrarte algunas cosas en el bosque —dijo Juliann sonriendo. Era evidente que el bosque era su lugar favorito. Alejandra se imaginó que debía pasar horas sentado bajo los árboles, cosa que quizás era propia de su carácter, que aparentaba ser introvertido e introspectivo.

Alejandra lo observaba minuciosamente mientras caminaban. Era muy guapo, hasta ahora el más guapo de todos los hombres hada que ella había visto. Su vestimenta la constituía una túnica blanca que le cubría solo la mitad de su torso y llegaba a la mitad de sus muslos, dejando al descubierto gran parte de su marcado y perfecto cuerpo. Su pelo era de color dorado y caía en forma de ondas, llegando a sus hombros. Usaba una vincha negra, para que su cabello se mantuviese domado. Sus ojos eran de color violeta, aunque tenían un círculo azul oscuro cerca del centro. Su nariz era perfecta y su boca invitaba a ser explorada. Sin embargo, Alejandra pensó que de ninguna manera él era más guapo que su amado Nikolav, y dejó de mirarlo. Se sentía un poco avergonzada de haberlo hecho, aunque culpaba a su indomable instinto observador, que siempre había hecho que mirase a los hombres detalladamente, como si tuviese una lupa incorporada.

—¿Qué son todas esas luces? —preguntó, señalando a lo que parecía ser un grupo de miles de luciérnagas, que empezaban a brillar con esplendor en la profundidad del bosque.

Sangre de Hada: Sangre enamorada #2 (Versión original)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora