Capítulo 6

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ALEJANDRA CAMINABA DESCALZA SOBRE UN PRADO verde, que se extendía de manera infinita. Al hacerlo, experimentaba una sensación agradable de paz. Había flores por doquier y podía dar sus pasos tranquilamente, sabiendo que no había espinas que intentaran dañarle los pies. El césped era suave al tacto y le daban ganas de tirarse encima de él para observar el cielo azul con nubes de algodón que sobre ella se cernía, imponente, majestuoso.

Sin embargo, algo le decía que debía encontrarse con una persona en ese lugar, que alguien la había traído allí, aunque ella no estaba del todo segura de quién era aquella misteriosa persona ni a qué raza pertenecía. Sabía que no necesitaba caminar mucho para encontrarla.

Decidió que quería llegar más rápido, estaba ansiosa, así que se puso a flotar en el aire, avanzando de esa forma como si fuese lo más normal del mundo. Era impresionante la sensación de libertad que flotar así le daba, era como estar volando. Pensó que debía hacerlo con mayor frecuencia, que siempre se le olvidaba que era capaz de ello.

De a poco, se fue acercando a un río angosto y lleno de piedras, que corría, atravesando la pradera. Supo que era allí donde debía detenerse y bajó justo frente a un largo puente que llevaba hasta el otro lado. Sorprendentemente, esa zona era oscura. Quien fuera que se iba a encontrar con ella vendría desde ese lugar y Alejandra tuvo el presentimiento de que no podría verla en la pradera porque no era una persona buena de corazón, así que caminó por el puente hasta la mitad de él, donde todo comenzaba a volverse negro, donde podría llevarse a cabo ese encuentro.

—¡Acá estoy! —exclamó, pudiendo sentir la presencia de alguien en la oscuridad— ¡Mostrá la cara!

—Hola, hermana —dijo una voz conocida, de a poco materializándose en la mitad del puente. Era Razzmine, su media hermana bruja. ¿Pero qué hacía ella en su sueño?

—Razzmine —murmuró Alejandra, un tanto confusa al ver la presencia de la bruja que ella poco apreciaba—, ¿qué hacés acá?

—Vengo a ofrecerte mi ayuda —dijo su hermana, lo cual solo le provocó risa.

—¡¿Vos?! ¿Ayudarme? ¡Imposible!

—Pues créelo. Realmente deseo ayudarte —dijo Razzmine, fingiendo sentirse ofendida.

—¿Qué motivos podés tener vos para hacerlo? —preguntó la princesa de las hadas.

—¿Qué te hace pensar que necesito motivos para ayudar a mi hermana? —contrarrestó la joven bruja.

—Vamos, Razzmine. Te conozco poco, pero sé que me vendiste a los vampiros para conseguir esa llave mágica. ¿Qué pasa ahora? ¿Querés otra llave más? ¿Querés que te traiga la cabeza de un havor para hacer una poción mágica? ¿Qué es lo que querés? —Razzmine frunció el ceño. Sabía que no engañaría a Alejandra con facilidad, pero valía la pena intentarlo. Ella era astuta, podría convencerla, estaba segura de ello.

—Es cierto. Trabajé con Nikolav para que los vampiros pudieran tenerte. Pero tenía mis razones... que no pienso explicarte, valga decirlo. No quiero convencerte de mis buenos motivos, porque no los tengo. Trabajo con la oscuridad y no me apena hacerlo. No siento culpa, nunca lo haré.

—¿Entonces por qué ayudarme? ¿Qué beneficios puede traerte eso?

—Porque necesito a Nikolav de regreso —dijo la bruja de manera fría y calculadora.

—¿Para qué? ¿No cumplió ya su parte del trato? ¿Para qué más lo necesitás?

—Porque requiero su colaboración. Verás... yo ahora soy una bruja de renombre, pero es poco lo que puedo hacer sin la ayuda de los vampiros, quienes no me la ofrecerán a menos que tenga algo para darles a cambio. Ya he hecho mis tratos con Nikolav, no quiero tener que hacer tratos con nadie más, ya que tendré más que perder que ganar.

Sangre de Hada: Sangre enamorada #2 (Versión original)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora