Capítulo 5

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SE ENCONTRARON EN EL SALÓN DE LOS ESPEJOS. Él había llegado primero y portaba en su costado un extraño sable de hierro oxidado que Alejandra nunca antes había visto.

—¿Qué es ese sable? —preguntó con curiosidad.

—Pertenece a mi familia —contestó el rubio—. Mi padre lo utilizó para luchar contra los havors en el pasado. El hierro oxidado es lo único que puede matarlos, por alguna razón, además de Stumik, por supuesto.

Alejandra asintió, aliviada porque Juliann tenía un arma propia con qué luchar. Después de todo, las hadas no eran conocidas por sus habilidades ofensivas; era en la defensa en lo que se destacaban y generalmente no dañaban a ninguna criatura, a no ser que se las atacase primero.

—¿Y qué hacía tu viejo luchando contra esos monstruos? —quiso saber— Hasta donde yo sé, nunca han tenido guerras contra ellos. O al menos nunca las he oído nombrar.

—Pues allí hay un mineral verde que no se consigue en ninguna otra parte. Las hadas que pueden crear pociones lo requieren y, si vas al plano de los havors, debes saber defenderte contra ellos.

—¿Tu viejo puede crear pociones?

—Podía —replicó Juliann, dándole énfasis a esa palabra.

—Lo... lo siento —se disculpó ella. No tenía idea de que su padre ya no estuviese en ese plano.

—No te preocupes —contestó él. Ella no se atrevió a indagar más respecto a cómo ocurrió el deceso.

—¿Vos fuiste ahí alguna vez? —preguntó ella.

—No. Nunca.

—¿Cómo hacemos para llegar a ese lugar? ¿Cuál es el plan? —preguntó, esperando que él ya hubiese planeado alguna estrategia.

—Localizaremos a Nikolav utilizando el espejo y dibujaremos un mapa para no perdernos una vez que estemos allí. Luego, iremos al portal que nos lleva donde se luchó la batalla contra los vampiros. Allí podremos encontrar el portal que lleva a la tierra de los havors. Lo reconoceremos porque está formado por un montón enorme de piedras verdes.

—Bien, parece un buen plan —replicó ella. No parecía difícil, aunque había un detalle a tener en cuenta—. Pero el portal está al lado de Crísalis y hay cientos de hadas allí todo el tiempo. Nos van a ver y le dirán a Lilum que nos fuimos ni bien ella vuelva.

—No te preocupes por eso —la tranquilizó él—. No nos notarán. Yo puedo volvernos invisibles, así nadie nos verá salir del palacio. —Alejandra sonrió complacida.

—Muy buena idea, Juliann. Ahora, supongo que yo soy la encargada de dibujar el mapa.

—Por supuesto, señorita. Yo no puedo siquiera levantar un lápiz. Nunca pude. —Ella comenzó a reír. Se había olvidado de que Juliann tenía un buen sentido del humor y que no sabía dibujar ni un cuadrado para representar una casa.

—Perfecto —dijo, tomando un lápiz y un pedazo de papel que él le había traído, dispuesta a hacer lo suyo—. Pongámonos a trabajar.

Él levantó el paño en uno de los espejos y se enfrentó a él mientras Alejandra miraba lo que hacía. Pronto allí se mostraba el oscuro reino de los havors. El cielo era negro y no había estrellas, era tal como ella lo había visto desde la ventana en la celda de Nikolav. La tierra también era completamente negra, al igual que los edificios que allí había, a excepción de algunas piedras verdes que brillaban en el medio de la nada. La vegetación era nula. Sin embargo, los caminos se veían con un brillo verdoso, seguramente porque estarían empedrados con ese material fosforescente que Juliann había mencionado, lo que facilitaba el reconocimiento de los mismos.

Sangre de Hada: Sangre enamorada #2 (Versión original)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora