Cuando se levantó esa mañana, además de haber despertado tan asustado y angustiado como siempre, despertó particularmente nervioso. De hecho, no había podido pegar los ojos en toda la noche y solo puedo hacerlo a las tres de la mañana, cuatro horas antes de que debiera levantarse a irse a trabajar. Se sentó en la cama, y como siempre, miró la cama de Melanie, donde estaba la pequeña, todavía dormida y abrazando fuertemente un peluche de oso casi destruido como si en cualquier momento fuera a escaparse de sus manos.
Él sonrió, tan enternecido como siempre que miraba a su pequeña hermana. Era como si ella reparara todos los días su corazón débil y hecho pedazos. Se levantó de la cama, tan sudado como siempre y ando hacia al baño, como todas las mañanas. Mientras el agua fría caía por su acelerado y tembloroso cuerpo, empezó a pensar en la noche de hoy. Hoy conocería a su cliente; cliente del que habían hablado cuanta mierda había sido posible y mierda que solo hacía que Dean estuviera más temeroso que de costumbre.
Roman, según todo lo que Lana y Chris le había contado, era rudo, testarudo y difícil, pero era todo un caballero de clase alta. Pero, aunque ya tuviera una imagen de él, no lo conocía. No sabía cómo se desenvolvía, ni como actuaba normalmente, ni quienes eran sus actuales amigos. Se estaba embarcando en una aventura tan misteriosa como complicada.
Pensó brevemente en su madre y en lo poco que la conocía, y una vez más, se preguntó qué hubiese hecho ella. La recordaba testaruda y segura, al igual que callada y bondadosa. Posiblemente, aunque hubiera estado tan asustada como él la primera vez que hizo esto, se hubiera embarcado a la aventura. El amor de madre era incondicional y más ciego que cualquier otro después de todo.
Ella lo había hecho. Y él podía hacerlo. Pero esto de vender tu alma al diablo no era tan fácil como las películas lo mostraban y él temía descubrirlo de la peor manera. De la misma manera en la que su madre lo había descubierto.
Cuando terminó de darse el baño, oyó como la televisión de la sala se encendía. Debía de ser Melanie. Suspiro antes de salir a la sala, completamente vestido. Miró a Melanie sentada en el suelo, como todas las mañanas. Sentía que la rutina de Melanie lo iba a matar a él más rápido que a ella. Ella simplemente se levantaba, veía caricaturas, comía y se iba a dormir. No estaba lo suficiente bien como para entrar a una escuela, además que Dean no podía pagarla. Llevaba dos años recaudando para un psicólogo y todavía le faltaba tanto dinero para poder pagar una cita.
Dean sabía la importancia de la educación y, de hecho, reconoció tal importancia cuando le arrebataron el poder seguir estudiando. Dean había sido el mejor estudiante de su clase y le habían salido muchísimas becas universitarias. Pero la carrera que quería estudiar tomaba muchísimo tiempo y dedicación, cosas que prefirió dedicarle a Melanie.
—Te vas a quedar ciega si te sientas tan cerca del televisor. —comentó el castaño, sabiendo que ella no le prestaría ni la más mínima atención. Como siempre.
Hizo un mohín con sus labios, un mohín desanimado, justo en el momento en el que tocaron su puerta. Por la hora, suponía que era Dana. Y cuando abrió la puerta, vio como entraba la mujer de cabello rubio y de baja estatura, la cual llevaba una cara amargada. Dean frunció el ceño, sin entender el por qué del disgusto de la rubia.
—Dana, ¿pasa algo? —Preguntó Dean, al mismo tiempo que cerraba la puerta.
Sin embargo, su respuesta abrió la puerta nuevamente. Dean miró como su socio, Baron Corbin, entraba a la casa sin permiso alguno, persiguiendo a Dana. Dean escondió una sonrisita que empezaba a mostrarse en su rostro. Desde que Baron había conocido a Dana, la perseguía como un perro en celo, mientras la pequeña pero esbelta rubia no le daba ni la hora. Era tan condenadamente gracioso.
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Fire Breather.
FanfictionDean es inexperto en el tema de ser un caballero de compañía, siendo este trabajo de las pocas cosas que su madre le había dejado además de su enferma hermana. Con muchas deudas en su bolsillo y un pasado tétrico en la espalda, Dean considera su vid...
