... nada puede surgir de la nada...
Cuando su madre volvió del trabajo aquella tarde, Sofía estabasentada en el balancín del jardín, meditando sobre la posiblerelación entre el curso de filosofía y esa Hilde Møller Knag que norecibiría ninguna felicitación de su padre en el día de sucumpleaños.–¡Sofía! –la llamó su madre desde lejos–. ¡Ha llegado una cartapara ti!El corazón le dio un vuelco. Ella misma había recogido el correo,de modo que esa carta tenía que ser del filósofo. ¿Qué le podíadecir a su madre?Se levantó lentamente del balancín y se acercó a ella.–No lleva sello. A lo mejor es una carta de amor.Sofía cogió la carta.–¿No la vas a abrir?¿Que podía decir?–¿Has visto alguna vez a alguien abrir sus cartas de amor delantede su madre?Mejor que pensara que ésa era la explicación. Le daba muchísimavergüenza, porque era muy joven para recibir cartas de amor, perole daría aún más vergüenza que se supiera que estaba recibiendo uncurso completo de filosofía por correspondencia, de un filósofototalmente desconocido y que incluso jugaba con ella al escondite.Era uno de esos pequeños sobres blancos. En su habitación, Sofíaleyó tres nuevas preguntas escritas en la nota dentro del sobre:¿Existe una materia primaria de la que todo lo demás estáhecho?¿El agua puede convertirse en vino?¿Cómo pueden la tierra y el agua convertirse en una rana?A Sofía estas preguntas le parecieron bastante chifladas, pero lasestuvo dando vueltas durante toda la tarde. También al díasiguiente, en el instituto, volvió a meditar sobre ellas, una por una.¿Existiría una materia primaria,, de la que estaba hecho todo lodemás? Pero si existiera una materia de la que estaba hecho todo elmundo, ¿cómo podía esta materia única convertirse de pronto enuna flor o, por que no, en un elefante?La misma objeción era válida para la pregunta de si el agua podíaconvertirse en vino. Sofía había oído el relato de Jesús, queconvirtió el agua en vino, pero nunca lo había entendidoliteralmente. Y si Jesús verdaderamente hubiese hecho vino delagua se trataría más bien de un milagro y no de algo que fuerarealmente posible. Sofía era consciente de que tanto el vino comocasi todo el resto de la naturaleza contiene mucha agua. Peroaunque un pepino contuviera un 95% de agua, tendría que contenertambién alguna otra cosa para ser precisamente un pepino y no sóloagua.Luego estaba lo de la rana. Le llamaba la atención que su profesorde filosofía se interesara tanto por las ranas. Sofía podía estar deacuerdo en que una rana estuviese compuesta de tierra y agua, perola tierra no podía estar compuesta entonces por una sola sustancia.Si la tierra estuviera compuesta por muchas materias distintas,podría evidentemente pensarse que tierra y agua conjugadaspudieran convertirse en rana; siempre y cuando la tierra y el aguapasaran por el proceso del huevo de rana y del renacuajo, porqueuna rana no puede crecer así como así en una huerta, por muchoesmero que ponga el horticultor al regarla.Al volver del instituto aquel día, Sofía se encontró con otro sobrepara ella en el buzón. Se refugió en el Callejón, como lo habíahecho los días anteriores.
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El mundo de Sofía
RandomSofía comenzará a recibir correo dirigido a otra persona, una tal Hilde Moller que curiosamente es una joven como ella, de su misma edad. El curso de Filosofía empieza con un ejemplo: todo es un misterio para nosotros que a la vez somos parte del...
