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Capítulo tres: secundaria, segunda parte.

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Para la hora del almuerzo, estaba exhausta. Luego de terminar la clase del profesor Fray tuve que lidiar con dos horas de Matemáticas... digamos que los números no se me dan muy bien. El timbre sonó y rápidamente recogí mi libreta. Cuando crucé el umbral de la puerta un cuerpo chocó contra mi.

Aturdida levanté mis ojos para ver a otra chica morena, de lentes, estatura pequeña y parecía confundida.

Me sentí culpable, estaba indefensa y ajena a lo que sucedía.

Toqué su hombro en modo de disculpa.

—Lo siento, no te he visto—. Sonreí apenada y recogí uno de sus cuadernos. Se podía leer "Filosofía", sin dejar de sonreír agregué:

—También tengo esta clase luego del almuerzo.

Ella, sonrió tímidamente y asintió.

—Genial... Lo siento por haber chocado es que, me distraje—. Sonrojándose bajó su cabeza. El gesto me hizo reír animadamente.

La chica me miró curiosa ladeando su cabeza; tratando de no reír más, mordí mi labio inferior. Hice un ademán con mi mano izquierda para que ella continuara hablando.

—Soy nueva y... ya sabes—. Su cara se contrajo en una mueca.

Eso me sorprendió, pensaba que era la única nueva este semestre.

—En todo caso somos dos—. Dije animada y sonriente, entrelacé nuestros brazos para comenzar a caminar hacia el comedor.

—¡Eso es genial!—. Comentó más animada, esta chica es adorable. Prosiguió.—Por cierto mi nombre es Lexis— Se presentó, mientras caminábamos por el largo pasillo lleno de estudiantes de distintos grados.

Para cuando llegamos al comedor, la fila apestaba. Quiero decir, estaba infestada de personas. Personas que no me agradaban y por sus miradas penetrantes hacia mi, yo tampoco a ellas.

Inspiré profundamente y comencé a caminar hacia una mesa, me corrijo, la única mesa que estaba vacía. Con Lexis siguiéndome, y las miradas de todos también. Me senté bruscamente en la silla que alguna vez fue roja, ahora su color era un naranja opaco. Comenzaba a perder mi escasa paciencia. Las chicas, sobre todo, me veían como si fuera “sapo de otro poso”... para mi desagrado ellas estaban en lo cierto. Aunque nunca me hubiese quedado más de un mes en alguna ciudad, la educación siempre fue de primera clase para mi. No una secundaria pública y en donde los estudiantes asistían a clases si a ellos les apetecía.

Lo recordaré luego, para regañar a mamá.

  Lexis parecía nerviosa ante las miradas que provenían de casi todo el colegio. Comencé a hablar con ella, tal vez así podría distraerla y sacarle del trance que estaba sufriendo. Pobre chica.

  Fue muy interesante charlar con Lexis, al principio se mostró reservada. No hablaba de su familia, pero luego comenzó a contarme toda su historia. Yo, me dispuse a escucharla atenta y con gusto.

  Provenían de Alemania y sus padres perdieron el trabajo, por lo tanto sus abuelos quienes vivían aquí, les ofrecieron empleo y vivienda. Pero por alguna extraña razón ésta chica tenía aspecto latino, sus rasgos, entonces caí, sus abuelos provenían de Venezuela. Me contó de Percy su gran amor... y no mal interpreten, es su perro. También relató varias leyendas de su país que me hicieron largar una risotada tras otra.

 Estábamos terminando de comer nuestra ensalada, al fin pudimos conseguirla, cuando alguien detrás de Lexis carraspeó. Nuestra atención calló sobre él. Reconociéndolo, volví mi vista al plato vacío de Lexis. Encontrando algo increíblemente curioso en él.

Bieber, así lo había llamado el profesor Fray, traía unos amigos tras él.

—Lo siento señoritas, pero esta es nuestra mesa—. Con la sonrisa de publicidad colgando de los labios, habló.

 Bien, creo que todas las personas nos estaban observando, supongo que éste inepto será el chico sexy de aquí, por las que todas babean. Otra cosa típica. Sacudí mi cabeza y volví a las palabras que habían salido de su gran boca, ¿qué?, esto no puede ser verdad. ¿Ahora las mesas de una institución tienen propiedad?, que absurdo. Sabiendo que Lexis estaba mas que apenada y con la cabeza agacha, me volví hacia él.

Éste, egocéntrico como supuse, hizo una reverencia (bastante patética, por cierto) y me esforcé por no lanzar unas palabrotas. 

Recorrí mi mirada sobre sus amigos con un gesto no muy amigable, me acerqué a Bieber y le ofrecí mi mejor cara de póker. —Claro—. Contesté sarcástica y con mi sonrisa a medias.

—...de todos modos, ya nos íbamos.

Lexis ya estaba a mi lado cargando mis cosas y las suyas.

Cuando traté de dar la vuelta y salir escapando del infierno que estaba viviendo, una mano áspera tocó mi brazo. Mi respiración se aceleró. ¿Qué diablos?...

No me volví, por lo que él se acercó tan pegado a mi, que su respiración chocaba en mi oído.

Su voz sonó malditamente sexy, aunque sólo yo la pude oír.

—Puedes compartir la mesa conmigo cuantas veces quieras, nena—. Sus labios rozaban mi oreja; tengo que reconocer que la sensación fue demasiado extraña, en el buen sentido. Mi subconsciente reaccionó y sabiendo que el Gangster curvaba sus labios en una sonrisa, me tensé y aparté de inmediato.

Respira, respira, ¡Clare respira!. Estaba tan nerviosa que mis manos sudaban.

Recuperando mi postura, ahora si me volví para verlo con su rostro iluminado y con su sonrisa de publicidad. ¿No se cansa de tanto sonreír? 

Por otro lado, sabía que mi rostro estaría como un tomate, pero no de vergüenza si no de furia. Lo fulminé lo más que pude y agarré violentamente a Lexis por su brazo izquierdo, antes de salir al patio.

Bueno... si se le podía llamar así; consistía en una pequeña plazoleta con muy poco césped en  donde los estudiantes ni siquiera le prestaban atención. Percaté a dos o tres de ellos hojeando un libro sentados en los bancos blancos que rodeaban la plaza.

Algunas chicas pasaron y miraron hacía nosotras, evaluando cada uno de nuestros comportamientos cuando, una esbelta morena que iba en frente como líder del grupo hizo un desdén con su delgada mano acompañada de anillos en todos sus dedos. “No valen ni mi collar” escuché su murmuro lo que provocó un rodeo de ojos por mi parte, pero al darme la vuelta noté lo asustada que estaba mi colega y decidí invitarla a sentarnos en uno de los bancos. Ella, nerviosa, asintió enérgicamente su cabeza. Solté una pequeña risa y le sonreí para tranquilizarla; Lexis era una chica especial y eso se notaba a kilómetros. Sería una buena compañía, al menos por el mes que esté aquí.

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Bebes, lean; sé que la he dejado de lado pero es porque sinceramente no tengo muchos votos y así. Ésta vez no voy a comenzar subiendo capítulos para intentar ser conocida o "popular". Quienes quieran leer y disfruten la historia aquí estará :) ¡Gracias por su atención! 

"This is my world, babe"Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora