ACTO 4: Ataque

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La enorme nube de polvo que se levantó se podía avistar a kilómetros a la redonda, tanto así que Sauce no podía dejar de ver y preguntarse a que se debía eso.

-¿Capitán? Interrumpió Arzer, ¿qué cree que este pasando?

-No tengo la más mínima idea.

-¿Cree que sean ellos?

-No puedo imaginar con quien este peleando para formar tal alboroto, además, si yo estuviera en su lugar, no llamaría mucho la atención, después de todo están huyendo.

-Si, tiene razón.

-Muy bien, andado, escuche que por aquí hay fuerte presencia de los rebeldes por estos días, parece que el conde Gottfried no hace bien su trabajo.

-¡Capitán!

-Si, ya lo sé, andado, sería un problema no verificar, además, allí quizás podamos pedir más hombres.

*****

-¿Que narices fue eso Johann?

-Cuando vas a visitar a alguien, tocar la puerta es lo más básico ¿no?

-No me refiero a eso.

-Lo sé pero no hay tiempo. Adelante señores, hay que tomar un castillo.

-Cedric.

-Si, si, terminemos con esto de una vez.

*****

-Que está pasando Seibat, exclamo un anciano que entraba en la habitación.

-Tranquilícese Sir Gottfried, exclamo Seibat mientras miraba por una ventana, es solo una escaramuza de los rebeldes.

Un soldado entro en la habitación.

-Señor, el muro, destruyeron el muro.

-¿Destruyeron el muro?, en ese caso esto es más que una simple escaramuza.

-No exageres soldado, veo claramente, que solo falta un pedazo del muro, que los mercenarios tomen posiciones en el poblado  y que los soldados entren en la ciudadela, cierren las puertas lo más rápido que puedan y preparen los cañones de las torres dos y cuatro.

-Sí señor.

-¿Lo ves Gottfried?, no hay de qué preocuparse.

-Más vale que así sea.

*****

La enormes puertas del castillo se empezaba a cerrar lentamente, mientras los soldados ingresaban. La puerta principal era una puerta levadiza, que descendía de los muros del castillo, seis hombres movían las dos poleas que hacían que la puerta bajase, las otras puertas estaban a un lateral, cuatro hombres empujaban cada una de ellas hasta que se cerraron, acto seguido otros 7 hombres colocaron un enorme tronco a modo de seguro.

-Que el escudaron de acorazados se prepare, no quiero dejar nada al azar. Exclamo un soldado que parecía estar a cargo.

La multitud gritaba eufórica mientras corría por la pradera desértica.

-Andado, grito Johann, Debemos tomar estas minas, por todos y cada uno de los oprimidos por el imperio.

-Oye Cedric, ¿esa frase no te parece más de un revolucionario que de un rebelde?

-A decir verdad, lo que en este momento me parece es que nos van a destrozar.

-Eh, ¿Por qué lo dices?

-Mira esas dos torres.

Cedric alzo la vista y vio como sobresalían los cañones de las torres.

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