La luna parte 2

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—Cazador...

El suave murmullo me sacó de mi pequeño mundo. El seguía ahí mirándome fijamente, a la espera que le dijera algo, más no lograba pronunciar nada.

Silencio, es lo que mas detestaba, aun más que el lunes por la mañana.

—Cazador... ¿Qué éstas haciendo? —Volvió a preguntar.

—Nada importante — le respondí con poca irritación en mi voz.

Su mirada azúl se poso sobre mi. Me sorprendía bastante que a estas alturas no me fijara en el hecho que dependiendo sus sentimientos sus ojos cambiarán de color. El color que ahora dominaba era rojizo con tintes violetas, tenían un aspecto peligroso, aun así no lograba intimidar.

—Los ojos de los ángeles actúan a base de como se sienten— Murmuré sin darme cuenta.

Consistía en una afirmación, pero al parecer sonó a pregunta, dado que se dedico a dar una respuesta llena de atropeyadas palabras y balbuceos sin sentidos. Finalmente movió la cabeza en forma afirmativa, no pude contener mas la risa siguiendo con lo incontenible.

Su rostro se sonrojó furiosamente, buscaba una manera de no darme la cara, sin embargo paró de momento su pequeño espectáculo, mirándome de manera curiosa.

—¿Cómo lo sabes?-—Me preguntó esperanzado, seguramente de que yo no sepa la respuesta.

La pregunta me tomo por sorpresa, frunci el ceño en razón de no entender a que se refería, más la pregunta era seria, su rostro lo mostraba.

—Porque lo estoy viendo-—le respondí con obviedad.

—¡Mentirosa! — Gritó bastante alterado.

— Si no me crees adelante — Planeaba dejarlo ganar esta ocasión, tenía varias cosas que pensar.

Parecía no escuchar pues seguía sumergido en si mismo, murmurando cosas sin sentido alguno.

—Mis ojos... Mis ojos ¡¡¿De que color son?!!

Me parecía que en cualquier momento perdería la cabeza por su ataque de histeria. Nunca lo había visto así.

Lo dudé muchas veces, no quería responder a su pregunta, algo me lo impedía y aquel algo no era más que su ataque de histeria sin control.

—Azúles, la mayoría del tiempo

No había vuelta de página lo había dicho, y como prueba estaba el eco que resonó en la pequeña habitación. Mi acompañante no podía creerlo, llevo una mano a su boca otra a su cabeza, acelerando su respiración.

—No puede ser... Me niego...¿Acaso es una prueba impuesta por Dios?—pronunció, más un millón de cosas similares.

—Tienes que verlos de color marrón—Replicó.

Genial, ahora sufría de daltonismo. Un momento, el daltonismo es cuando las personas confunden el el rojo con el verde, entonces sufría algo más grave que el daltonismo. Paleci por un momento, nadie me había dicho nada, odio que no tengamos médicos adentro.

Me levanté lentamente del pequeño sillón improvisado, el cuál simplemente eran millones de hojas mal apiladas, no lo ocupaba, pero, tenía que mantenerme ocupada en algo mientras no trabajaba de Cazador.

—¡Hey, adonde vas esto aun no termina!—Quería seguir discutiendo, a pesar de mi falta de atención en la pelea.

—Lo sé.

Deje escapar un pequeño suspiro con pesadez, intentado encontrar la manera de mantener un conversación para nada grata.

—A tu nueva habitación por supuesto —Al ver que no comprendía decidí explicárselo.

Plan GregoryDonde viven las historias. Descúbrelo ahora