Caprichos de los Dioses - Capítulo 6 - Sellado por el Destino

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Caprichos de los Dioses - Sellado por el Destino

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El poderoso cuerpo de Warx vovlió de convertirse en puro acero candente con sólo verla. Pero ahora no era momento de dejarse llebar por sus impulsos y menos por su polla. Había algo en todo lo que le había contado su madre que seguía sin cuadrarle. 

Si realmente aquella jovencita, era la última de los Seiyants que quedaba... era algo más peligroso de lo que parecía. Algo que tanto Dioses como Demonios desearían codiciar para hacerse con el poder de ésta, contar con la protección de un especimen así era algo demasiado aterrador como para no darse cuenta de que la situación era más escabrosa dde lo que su propia madre le estaba diciendo. 

Se daba cuenta de que si eso llegaba a oídos del resto de Dioses, los de abajo no serían los únicos en ir por ella...

No se lo pensarían dos veces en desatar una nueva guerra por esa preciosa joya, sería el objeto más codiciado desde que él tenía uso de memoria. Incluso su propia madre podía volverse contra él por hacerse con el favor de la medio Seiyant...

Y si era así... no habría lugar en el universo donde ocultarse, ni siquiera en sus temidos dominios.

Lo mejor sería desentenderse cuanto antes de ella y dejarla abandonada a su suerte pero como muy bien había dicho la bruja de su progenitora, sus destinos ya estaban sellados y unidos inquebrantablemente...

Ahora ya no habría lugar dónde estuviesen asalvo de la ambición del resto del mundo.

Warx la amarró del brazo antes de que tuviese tiempo a nada y los transportó a ambos a su tierra. Justo fue poner los pies allí que Adalia se revolvió tratando de liberarse.

__¡Suéltame! ¡No vuelvas a tocarme en tu vida!

Warx la miró incapaz de creer lo que oía. Una mujer, una muchachita se estaba atreviendo a desafiarlo, a él. Rechazando su contacto... Imposible, eso era algo nuevo que su orgullo y su ego no podían admitir así que trató de cogerla de nuevo y chocó contra una especie de escudo que lo enfureció aún más.

__¡Tú! Mujer insolente, ¿cómo osas si quiera a portestar?!__se acercó peligrosamente haciéndola retroceder hasta dejarla contra unas rocas.

Pero Adalia, lejos de echarse a temblar como quería, alzó el mentón orgullosa clavándo su mirada en el ahora desnudo cuerpo de Warx.

__Te he dicho que no vuelbas a intentar ponerme un dedo encima. Por tu culpa y la de tu polla__se la señaló__Todo a comenzado__Estaba furiosa e indignada. Temblaba y sus ojos ambarinos hacían juego con las dos antorchas rojas de Warx que esta vez sí la aferró de los hombros con violencia ya que Adalia, aterrada por el puñetazo que dió en la roca que se hizo trizas no pudo hacer nada. Ni siquiera sabía como había activado antes aquella proteccion pero tal y como estaba hecha un manojo de nervios poco podría hacer. Pero eso era por dentro, porque por fuera se mostraba igual de orgullosa y determinada que él, obstinada.

__¡Dime qué sabes!__exigió zarandeándola.

__¡Nada!

__¡Mentirosa! Mira niña...

__¡No soy una niña! bien que te encargaste tú de ello__lo cortó ella.

Warx soltó un juramento y volvió a mirarla, aquella chica sabía como sacarlo de sus casillas, pero nadie jugaba con el gran Warx.

__Y bien que lo disfrutaste__Adalia enrojeció al verse sorprendida con la guardia baja__Eso no puedes negarlo__introdujo sus dedos entre las piernas de ella para mostrarle el brillo húmedo que había en estos__¡Así que ahora ya puedes estar solando todo lo que sepas!

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