Caprichos de los Dioses - Capítulo 3 - Placer Oscuro

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                              Caprichos de los Dioses - Placer Oscuro

                                                                   3

Y    allí permaneció ella, sumida bajo el imponente peso de su cuerpo, con los ojos ardiendo como fuego llenos de odio, llameándo con tal intensidad que un estrmecimeinto recorrió el poderoso cuerpo del semidios. Ni tan sólo grito ni protesto, pese al dolor que sabía debía partir de entre sus piernas ascendiendo como una centella hasta su cerebro.

Enloquecidó se hundió aún con más brutalidad en el pequeño cuerpo de la muchacha derribando la pequeña membrana que le impedía avanazar con su espada y la atravesó con duresza. Ella se mordió el labio tratando de no proferir ningún quejido y él se arqueó hacía atras al sentir como alcanzaba toda su profundidad, su estrechez, el pulso palpitante que apretaba contra su virilidad con violencía, acelerado...

Bajo la cara hacía ella con el pelo rodeándole el rostro y empezó a retirarse, el labio que tan firmemente apretaba ella tembló y cuando estuvo casi fuera volvió a empujar sus caderas hacía esa hoguera interna sintiéndo como esta vez empezaba a húmedecerse. Apretó los dientes y continuó moviendo las caderas penetrándola al tiempo de la envolvía en una febril oleada de deseo que pronto acabaría por romper su reticencía, endureciendo aún más sus tiernos e hiniestos pezones. De todos modos lo apretaba tanto... se estremecía y sus fluídos empezaban a amararlo tanto que su esencia de semidios fluía libre y descontrolada por toda la habitación. 

La levantó a peso encajándola contra él y pego la espalda de ella contra la pared  donde siguió empujándo como la bestía ciega y hambrienta en la que se había convertido, aquella mujer lo enloquecía y a cada nueva embestida más y más sensaciones se desataban en su propio interior. Mientras, una de las firmes piernas de la chica envolvían su cintura, sus alientos de nuevo se entrelazaron hasta que en un inexplicable impulso Warx cubrió la boca de ella con sus labios, fue rudo, desesperado e incontenible y ya no huvo modo de parar cuando su sabor se propagó por todo su cuepro como un veneno. Separó los femeninos labios con su lengua y exploró aquella húmeda cavidad, entrelazó su lengua contra la de ella que luchaba por echarlo pero él siguió como el conquistador brutal y abusón que era, conquistando, arrasando. A Warx nadie le negaba nada, él obtenía cuanto desesba y ahora la eseaba a ella como si no existiese nada más en el universo mientras su miembro seguía fundiéndose cada vez más en el pequeño interior de ella, acogedor, apretado... como si le perteneciese.

Un intenzó latigazo de placer lo barrió y gimió apretado contra los labios de ella que le mordió el labio inferior y otro latigazo lo sacudió haciéndole tensar los testículos de modo doloroso alcanzado cotas inimaginables de deseo y placer que se volvian más oscuros y peligrosos... 

Saboreó su propia sangre con una sonrisa torcida y dió una certera estocada con fuerza en el interior de ella que la hizo soltar un quedo quejido. La jaló del trasero y la aplastó aún más contra la pared que arañaba la sedosa espalda de la joven que trató desesperada aferrarse a esta sin el menor exito, hacía fuerza y así sólo conseguía encajarse aún más contra Warx que volvió a gruñir de deseo con ojos incendiados. Volvió a empujar su endurecida polla dentro de ella que procuraba no gemir ni derramar las lagrimas que se acumulaban en sus ojos como un tormento que hacia desvordar aún más las ansias de su demonio. Tiró del pelo de ella y volvió a saquear sus labios aún palpitantes y enrojecidos, cuando la liberó ella buscó aire y una de sus manos acabo enlazada tras su nuca y la otra clavándole las uñas en el hombro. Era tan fácil deslizarla sobre él con movimeintos expertos y brutales. Se desenfundó muy lentamente de ella dejándo que sus pies volviesen a tocar la cama y fue descendiendo por su cuello. Entre abrió los labios escuchándola jadear y lamió la suave carotida para seguir bajando lentamente hasta llegar al valle de entre sus pechos, deslizo los lavios por este en un roce suave y estudiado mientras el cuerpo de ella empezaba a temblar, asió sus pecho entre sus palmas y empezo a besar uno de los montículos mientras la otra mano seguía masajeándolo y pelizcando el tierno pezón que se endurecía sin remedió entre espasmos de placer que sacudían a la chica que trababa de luchar contra lo que empezaba a experimentar y sentir su cuerpo. Sonrió sobre el dorado pecho y capuró el otro pezón entre sus labios con suavidad tras trazar la aureola con la lengua.

Caprichos de los DiosesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora