—Mari, voy a hablar con Luci.

—Anda, vete, cariño.

—¿Amiga?

—Estefi, quiero estar sola.

—¿No quieres verme?

—Anda, tonta, ven aquí —dijo Lucía—. Sabes que eres como mi hermana.

—Luci, ¿y cómo es eso que ha dicho Ana de Adrián?

—Yo qué sé, Estefi. Te juro que yo no me he acercado a ese chico. El otro día se me cayeron los libros y él me ayudó a recogerlos, y ya está. Ana nos vio y se lió todo.

—Pues te digo una cosa, Luci. No me extraña que Ana tenga celos de ti, porque tú le das mil vueltas. Mírate: eres guapísima y muy buena, y ella es fea y mala.

—Ay, Estefi, jajajajaja.

—¡Lucía! ¿Estabas componiendo?

—Cállate, loca. No quiero que mi madre se entere. Sabes que no le gusta todo esto de la música.

—¿Me dejas leerla, Luci?

—Claro, toma.

—¡¡¡Guauuu!!!

—Amiga, es preciosa. Cántamela, porfi.

—¡¡Noooo!! Qué vergüenza, jajajaja.

—Anda, va, porfiiii.

—Vale.

Y Lucía se la cantó.

—Hija, cantas genial. Es precioso.

—¿Mamá? ¿Estás llorando?

—Sí, hija. Es que es precioso. ¿En esto empleas tu tiempo libre, verdad?

—Sí, mamá. Lo siento.

—No me digas que lo sientes. Es precioso.

—Gracias, mami.

—Mi niña, ¿estás mejor?

—Sí, mamá.

—Mira, cariño. Arreglada.

—¡Mi mochila! Gracias, mami. Te quiero mucho.

—Y yo a ti, mi niña. Y a ti también, Estefi.

—Venga, que te acompaño a casa.

—Mari, tengo catorce años, jajajaja, y vivo ahí al lado.

—Ya, pero no quiero que vayas sola.

—¡Estefiiii! Te estoy hablando yo, no mi hijo.

—Ay, Mari, lo siento.

—Ay, mi loquita.

De pronto sonó el timbre.

—Hola, Miguel.

—Hola, Mari. ¿Está aquí mi sobrina?

—Sí, ahí está. Ahora la llamo.

—La iba a llevar yo.

—¡Estefi! Tu tío.

—¡Ya voy, tito!

—¿Estás bien, Miguel?

—Sí, tranquila. Solo que se acerca la fecha en la que murieron mi hermano y mi cuñada, y es una época mala. Me vuelven los recuerdos. Me convertí en padre a la fuerza y no sé si lo estoy haciendo bien.

—Miguel, lo estás haciendo genial. Estefi está un poco loca, jajajaja, pero es muy buena y muy educada.

—Ay, lo siento, Mari. Te estoy aburriendo.

—No, tranquilo.

—Bueno... ¡Estefiiii! Nos vamos.

El Primer AmorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora