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Estefi pasó un día pésimo, sola y encerrada en su habitación, hasta que fue África, su vecina, a verla.

-Estefi, levántate, venga.

-Déjame, Afri, por favor.

-Estefi, ¿no quieres venir conmigo al cementerio? Sabes que mi abuela no me deja ir sola y quiero ponerle flores a mi padre.

-He estado antes, Afri, pero ya voy.

Estuvieron un rato allí y...

-Afri, ¿no sabes quién es tu padre?

-No. Solo sé que murió cuando nací yo. Mi madre no me cuenta nada.

-Anda, vamos a casa.

-Estefi, ¿no vas a ir a ver a Lucía?

-No, no me encuentro bien, Afri. Me quiero ir a casa.

-¿Qué te pasa?

-No tengo un buen día. Todos se creen que soy una cría.

-¿Sabes, Estefi? Pues yo, en un futuro, te veo casada con José y con hijos.

-Ojalá, pero hasta que eso pase, tengo que estar sin él y verle feliz con otra.

-Lo conseguirás, amiga.

Al día siguiente...

-Mamá, Estefi no ha venido a verme.

-Ya vendrá, cariño.

Lucía cogió el teléfono de la habitación y la llamó.

-Hola, Miguel. ¿Está Estefi?

-Sí, ahora la llamo.

-Estefi, cariño, es Lucía.

-Hola, Luci.

-Hola, amiga. No has venido a verme y te echaba de menos. ¿Vas a venir hoy?

-No, Lucía. Ni mañana, ni pasado, ni nunca.

-¿Qué dices, Estefi? ¿Te he hecho algo?

-No, pero es lo mejor. Adiós, Lucía. Adiós para siempre.

-¡Estefiiiii, no me cuelgues! ¡Estefiiiii!

-Lucía, hija, ¿qué pasa?

Y Lucía se lo contó.

-Es todo por culpa de José.

-Lucía, hija, tu hermano no tiene culpa de las locuras de Estefi.

-No son locuras, mamá. Es amor. Está enamorada. ¿Acaso tú no lo has estado nunca?

-Lucía, basta. Se acabó la tontería del enamoramiento.

-Estefi, cariño...

-Tito, no quiero ver a José nunca más. Y si voy a verla, me lo voy a encontrar. Sé que soy una niña para él, Tito, pero ¿qué hago si me he enamorado? Me muero por él, Tito, y me duele tanto verle con otra...

-Ay, mi niña. Pronto lo olvidarás y te gustará alguien de tu edad.

-No, Tito. ¿Por qué no entendéis que no es un capricho de niña chica? Que le quiero de verdad.

-Estefiiiii, hija...

-Déjame en paz.

José entró a la habitación.

-Hola, hermanita.

-Vete de aquí, José. No quiero verte. Tú tienes la culpa de todo.

-Lucía, hija...

-¿De qué todo? ¿Qué pasa?

-¡Veteeeeeee! ¡Que te vayassss!

-Mamá, ¿qué pasa?

-Vamos fuera, hijo, y te cuento.

-No entiendo nada, mamá. ¿Por qué Lucía me habla así?

Y Mari se lo contó.

-Lucía tiene que entenderlo.

-Claro, hijo.

Miguel fue al cuarto de Estefi.

-Lucía no tiene la culpa. Ábreme. Ella te quiere mucho, y con eso que le has dicho la habrás dejado hecha polvo. Venga, vamos a verla.

-¡¡Nooooo!!

-Déjame en paz. Quiero estar sola. Necesito estar sola. No quiero ver a nadie, Tito, a nadie. Dejadme en paz.

El Primer AmorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora