Capítulo 36

51.7K 4.3K 349
                                        

Me desperté temprano. Me vestí y desperté a Raiza. Le mostré mis ojos. Nos fuimos juntas a clase. Todo iba normal.

En plena clase, los chicos de ayer entraron, tensé mi mandíbula y me congelé.

—Buenos días maestra Lockwood— dijo el chico.

—Evie, Tate, hace mucho que no los veo— les respondió la maestra.

—Y es un placer verla de nuevo, pero no tardaremos mucho— dijo la chica.

—¿Qué necesitan?

—Solo esperamos que nos deje ver a sus estudiantes de este año, solo echarles una pequeña ojeada— explicó el chico.

—Claro, ¿porqué no?

Empezaron a pasar frente a todos mirándoles fijamente a los ojos. Debía hacer algo rápido. Formé un poco de agua en mis manos y la bebí rápidamente.

Llegaron frente a mí.

—Disculpa, ¿te molestaría quitarte tus gafas?— me dijo el chico.

Lo hice arriesgándome a que mi truco no hubiera funcionado. Me miraron igual que al resto, había dado resultado.

Las clases terminaron, Raiza se fue con Matthew, así que quede sola. Comencé a caminar tranquilamente hasta darme cuenta de que me estaban siguiendo, no podía voltear pero sentía su presencia. Por desgracia el pasillo estaba vacío, por ende no había testigos. El que me seguía era nada más y nada menos que aquel chico de fuera del instituto. Me empujó contra la pared acorralándome.

  —¡Suéltame!— le grité. Realmente me estaba muriendo del miedo.

  —Oh Avril, el viejo truco de beber agua para cambiar el color de tus ojos temporalmente ¿en serio?— me había atrapado, ¿qué debía hacer ahora?

  —No te conozco— fue lo único que se me ocurrió.

  —No, pero yo a ti sí. Vendrás conmigo— trató de tomar mi brazo, pero lo golpeé en el estómago y salí corriendo.

No pude pensar muy bien en lo que hacía ni hacia dónde correr. Pero volví al bosque, estaba consiente de que ellos sabían cómo llegar ahí, pero en un espacio abierto sería más fácil defenderme.

  —Avril, ¡espera!— me gritaba la chica, no planeaba detenerme.

Debía atacarlos de alguna manera. Me di la vuelta y traté de atacar con agua, la chica detuvo mi agua con aire, pasó lo que tenía que pasar, al yo también ser de aire nos repelemos bruscamente.

  —No tienes que pelear— me dijo el chico.

Esta vez dirigí un ataque hacia él, con la esperanza de que su elemento no se repele. Detuvo mi ataque con fuego. Al ser completamente opuestos, a ambos nos costaba mucho mantenernos en pie. Su elemento me debilitaba y yo lo debilitaba a él.

  —¡Paren ambos!— gritó la chica. Nos pusimos de pie —Avril, no tienes que pelear, queremos ayudarte.

  —¿Ayudarme? ¡Quieren llevarme de aquí! ¿Qué clase de ayuda es esa?— me mantuve en posición de pelea aunque ninguno de los dos parecía tener intención de atacarme.

  —Avril, no perteneces aquí, tú...— prosiguió, pero fue interrumpida.

  —Déjala— intervino el chico —. Ya se dará cuenta.

  —¿Darme cuenta de qué?— pregunté.

  —De a donde perteneces. Nos encargaremos de ello.— dicho esto, se fueron.

Instituto de ElementosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora