Capítulo 5
-Que está diciendo? – le pregunto poniéndose de pie – eso que dice no tiene ningún sentido.
-Usted y yo estuvimos en este hotel hace 15 años atrás – dijo ella temblando – yo era…
-La modelo – dijo el procesar lo que le acababa de decir con lo del lunar – el Lunar en forma de estrella en su espalda, lo tiene ella en el hombro, pero ¿cómo?
-De verdad le tengo que recordar cómo? – le pregunto sin dejar de mirarlo.
-Un momento – dijo el tratando de aclarar su mente – me está diciendo que la mujer con la que hice el amor como un loco hace 15 años en este hotel era usted? ¿Y que esa mocosa insolente es mi hija?
-No le permito que se dirija a mi hija de esa forma, y si tanto horror le produce la idea de que Fer sea su hija, no se preocupe, yo misma me encargare de desaparecerla de su vida como debió haber sido siempre, que pase buena noche señor Ferrer – dicho esto Victoria se dio la vuelta y tomo el ascensor para subir a su suite.
-Que paso? – le pregunto su hija al verlo llegar tan contrariado.
-Cuantas veces me repetiste que Fernanda se parecía a mí? – le pregunto a su hija.
- ¿Varias, por qué? – dijo Camila sonriendo.
-Porque creo que tienes razón, esa muchachita insolente y prepotente es igual a su padre – dijo sentándose con fuerza en el sillón.
-lo conociste? – le pregunto Camila sonriendo – debe ser un hombre fuerte.
-Lo estás viendo frente a ti Camila, Fernanda es tu hermana.
Lo que parecía un tranquilo fin de semana se acababa de convertir en una verdadera tormenta, Victoria entro a su suite y encontró en la cama a la única persona por la que su trabajo valía la pena, cada esfuerzo, cada sacrificio había sido por ella, por aquella testaruda e insoportable muchachita que la había hecho madurar a la fuerza a sus 20 y la que por desgracia había heredado toda la fuerza y soberbia de su padre, que ahora tenía un nombre y un rostro conocido.
Era el amanecer de un nuevo día, Victoria seguía dormida y Fernanda le había dicho a Camila que se encontrarían en el lobby del hotel para tomar las fotos.
-Vaya que puntual – le dijo a Camila cuando la vio llegar 1 hora y media después de la acordada.
-Lo siento Fer, pero creo que no puedo hacerlo, no pase una buena noche y…
-Y qué? Ya se tu padre te dijo que mejor no – dijo Fernanda molesta – debí suponerlo, bueno, como no quieres hacerlo, mejor guardo mis cosas, y me voy a la alberca, créeme que tengo mejores cosas que hacer – guardando su cámara en el bolso.
-No, esas fotos se hacen – dijo Dionisio quien llegaba al lobby – tu no pongas excusas – señalando a Camila – y tu muchachita saca esa cámara y cállame la boca – le dijo a Fernanda desafiándola.
Salieron a la playa, en diferentes poses, y formas le tomo las fotografías a Camila, sabía que tenía talento y la impulso a sacar ese top modelo que tenía en su interior, para las 10 de la mañana volvieron al hotel con un montón de fotos y sonriendo.
Camila no podía evitar mirarla con cariño, en el camino habían hablado de sus gustos y sus aficiones, todo para que Dionisio pudiera conocer un poco más de su ahora desconocida hija.
-Dónde estabas? – le pregunto Victoria cuando la sintió llegar a la suite.
-Estaba tomando las fotos que pediste de la hija de Ferrer – dijo tirándose sobre la cama.
-mmm ya veo – dijo saliendo del baño – Cariño, como te has portado tan bien este mes, creo que ya entendiste tu lección y…
-Espera – le dijo Fernanda – están tocando la puerta, voy a abrir.
-Está tu madre? – le pregunto a Fernanda.
-Sí, aquí esta – le contesto mirándolo a los ojos – Mami, el señor Ferrer está en la puerta – llamo sin dejar de mirlo – ¿se encuentra bien? – le pregunto la verlo tan extraño.
-Si estoy bien cariño – le dijo a Fernanda
-Cariño? – dijo ella – Moms me voy a la alberca, te dejo con el señor Ferrer – saliendo del cuarto y dejándolo parado en la puerta.
-Fer… - dijo Victoria tratando de llamarla – Que quiere Ferrer? – le pregunto a Dionisio
-No le has dicho verdad? – le pregunto el entrando al cuarto.
-No, no le he dicho nada, que espera que le diga, Fernanda el hombre al que le destrozaste el coche, el que no toleras y el que tampoco te tolera resulta que es tu padre del cual ninguna de las dos sabía nada desde hace 15 años, eso no suena como una real explicación , aunque bueno ella sabe que entre su padre y yo nunca ocurrió nada y que solo fue una noche – dijo ella metiendo las ropas de ambas en las maletas – no suena muy coherente.
-No quiero que la alejes Victoria – le dijo Dionisio acercándose a ella – de hecho, no quiero que ninguna de las dos se aleje.
-No te acerques – le advirtió al verlo caminar hacia ella- Dionisio no lo hagas.
-Que no haga qué? – le dijo tomándola de la cintura – Sabes, lo único que recordaba de esa noche, a parte del sabor de tus labios y el calor de tu piel, era ese lunar en forma de estrella que tienes aquí – subiendo la mano hacia su espalda y tocando el lunar.
Como no ceder ante sus encantos, sentía como podía derretirse en sus brazos, sus ojos grises y arrogantes que eran casi insultantes no abandonaban los suyos, ella también recordaba esa noche, recordaba sus caricias, recordaba su manera apasionada de amar y el cielo que solo con él había podido alcanzar, respirar le costaba, y cuando estuvo a punto de recobrar la poca cordura que tenía ya era demasiado tarde, los labios de Dionisio estaban sobre los suyos reclamándola como de su propiedad.
No entendieron en qué momento se encontraron desnudos sobre el suelo de la suite, las manos de Dionisio recorrieron toda su piel y sus labios no paraban de besarla, ella toco su espalda y encontró aquella cicatriz que recordaba, y al igual que hace años atrás el deseo recorría su cuerpo y no existía forma alguna de detenerlo.
-Victoria, mi Victoria – le susurraba al oído mientras se india en su interior.
-Dionisio … - aferrándose a él con fuerza
-Eres mía, mía solo mía - decía con posesión
Era una mezcla de recuerdos y realidad bastante arrolladora, la hizo suya en aquella habitación hasta que increíblemente quedaron saciados el uno del otro.
La tarde caía sobre el horizonte, y dos cuerpos sudorosos y cansados yacían sobre aquella cama, abrazados como nunca se habían abrazado, como si sus almas pidieran amarse y nunca separarse, Dionisio fue el primero en despertar, se encontró con una maraña de cabellos negros sobre su pecho y el frágil cuerpo de su amante abrazado a él, quería verla despertar como no había podido hacerlo aquel amanecer, pues años atrás ella había salido de su vida con la mañana.
-Victoria – la llamo acariciando sus cabellos.
-mmm – respondió ella estirándose un poco sin abrir los ojos.
-Victoria despierta – le dijo sin poder parar de sonreír.
-Qué hora es? – pregunto ella levantando el rostro y mirando directo a sus ojos grises.
-No lo sé – le dijo el acariciando su rostro- el tiempo no importa realmente si te tengo en mi cama – dijo el sonriendo.
-De hecho, es mi cama – dijo ella
-De hecho, no me importa – dijo el dándole un beso apasionado – Creo que llevaba años buscándote.
-Buscándome? – pregunto ella con curiosidad
-Sí, buscándote, en diferentes camas, en diferentes cuerpos, eras tú Victoria, solo tú lo único que necesitaba – besándola nuevamente para perderse en sus brazos.
Fernanda había pasado la tarde en la alberca con sus amigas, mientras que Camila leía algunos documentos y la vigilaba de lejos, nunca imagino que el enterarse que tenía una hermana le daría tanta alegría, había algo en Fernanda que le encantaba y creía era esa fuerza y su carácter que le recordaba a su padre.
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Eras tu
Historia CortaVictoria había tenido una noche de pasión con un desconocido, una noche donde los nombres no importaron, donde el deseo fue el protagonista y que meses después le daría a Victoria la mejor de las sorpresas. Ella se había dedicado al mundo de la mod...
