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Desde el abandono de uno de sus padres Lein se convirtió en una persona impulsiva y a sus 17 años no sabe qué rumbo tomar. Lo único que...
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SORPRESA, SORPRESA.
LEIN
La siguiente semana, la busqué como una desquiciada, solo esperaba que el enfado que ella tenía se hubiese disipado el fin de semana, pero no la encontré por ningún lado. Quería disculparme de verdad que quería hacerlo, pero no daba señales de vida.
Me desesperé, temía que mi comportamiento la hubiera asustado, pero no me permití ser tan presuntuosa al creer que aún estaba en su cabeza, después de todo yo no era nadie importante en su vida, ni siquiera sabía si ella sabía que yo existía.
Sin embargo, seguí sintiéndome preocupada. No sabía a quién preguntar si sabían algo de ella.
Decidí dejar mi orgullo de lado y al salir de clases me obligue a buscar a la única persona que podría saber dónde estaba ella.
Y esa persona era Denis, que estaba apoyado encima de su coche riéndose como un desquiciado con los cretinos de sus amigos.
Le pregunté si sabía algo de Alicia y no me sorprendió su tosquedad, aunque claro le había cruzado la cara debía de seguir molesto por eso.
— ¡Aún si lo supiera no te lo diría, machorra de mierda!
Sus palabras lejos de herirme me hicieron sonreír, su voz era ridículamente gruesa, tanto que parecía fingida.
—Gracias por nada, capullo.
Me fui de allí no sin antes hacerles una peineta a él y a su grupito de orangutanes. Mi frustración no disminuye incluso después de ese desagradable encuentro con ese capullo. Me resigne a no tener noticias de Alicia.
Cuando estaba en la puerta de mi coche lista para subirme y marcharme sentí que alguien venía desde mi espalda, giré el rostro para ver de quien se trataba, era Alicia, pero ella no se molestó ni en mirarme, paso por mi lado y me llego el aroma de su cabello. Reconocía ese olor como el mío, almendras y chocolate.
Ella caminó de prisa en dirección a esos inútiles. Miré embobada como se alejaba de nuevo. Denis no se percató de ella hasta que le tocó el hombro para llamar su atención. Estaba en la boca del lobo y yo no podía hacer nada para evitarlo.
Entendí que por mucho que le dijese cosas de los que la rodeaban no me haría caso pues yo era una desconocida que solo violentaba a sus amigos. Tenía que decirle la verdad y deseaba que pudiera escucharme esta vez.
Mi mente se volvió confusa.
¿Por qué me tomaba tantas molestias? ¿por qué simplemente no podía ignorarlo como ella hacía conmigo? La respuesta obvia era que estaba enamorada. Y el sentimiento era tal que a veces llegaba a cegarme y hacía cosas sin pensar, como golpear a Denis, me daba miedo que tal vez mi atracción por ella se transformara en algo que no pudiera controlar algo así como una obsesión, y sentí náuseas de mí misma.