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Desde el abandono de uno de sus padres Lein se convirtió en una persona impulsiva y a sus 17 años no sabe qué rumbo tomar. Lo único que...
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LUZ NATURAL
LEIN
Siento el aire escaparse de mis pulmones, porque estas cosas me tiene que pasar a mi, acaso estaba pagando el karma de alguien más, porque de lo contrario no tenía sentido todo esto y no lo soporto.
Le doy una excusa a la señora Berta y salgo del establecimiento totalmente fastidiada, es como si esa chica me siguiera a donde quiera que fuera. Me refugio en los basureros de la esquina. Maldita sea porque nada me puede salir bien, esta es mi única opción y ella está aquí.
No la quiero cerca, ella junto con Alicia son las personas de quien quiero alejarme. Lo que esa chica pretenda conmigo me trae sin cuidado, no pienso ceder con ella. Lo único que ha hecho es ponerse en medio.
Joder.
Llena de ira pateó el gran contenedor, este al recibirlo solo hacía un ruido sordo. Lo aporreo una y otra vez hasta que logró calmarme. El sudor me recorre la frente y el cabello se me pega a la cara. No tengo más opción que soportar esto.
Entro de nuevo en el establecimiento ya más calmada, ambas me esperan preocupadas, pues he salido casi corriendo.
—Lo siento, me he sentido mal y tenía que tomar aire.
La dueña del local me mira extrañada pero no me dice nada más.
—Tranquila muchacha, todos tenemos problemas, mira ella es mi nieta Meryl. Ahora si ya estas mejor podrías empezar ordenando las mesas. Estamos a punto de abrir y necesito que todo esté en orden.
—Claro.
Mientras hago mis labores siento la mirada de Meryl en mi nuca. Ignoro su mirada y empiezo a extender los manteles encima de la mesas y colocar los cubiertos, recuerdo que estas cosas me las enseñaba papá. Le gustaba aparentar y presumir de su nueva hija.
Yo era muy pequeña, y me pareció divertido aprender ese tipo de cosas.
Cuando el reloj suena en punto me doy cuenta de que ya es mediodía, me permito parar un poco. He limpiado los baños y ordenado un poco la oficina llena de papeles con demasiados números. Recuerdo que en el instituto se me daba bien las matemáticas, pero no me aplicaba lo suficiente como para poder aprender correctamente todo.
Regreso al armario de limpieza y tomo un producto de limpieza, me dispongo a salir a limpiar las cristaleras, cuando la rubia me acorrala.
— ¿Qué haces aquí?, creí que no querías verme, cuando me echaste el otro día.
Me dice con cierta chispa burlona, como si a la vez que está enojada, está un poco feliz de verme allí. Pero obviamente está furiosa por echarla de mala manera días atrás.
—Para empezar no sabía que este era el restaurante de tu abuela y en segundo lugar necesito el trabajo, y las razones no te incumben. Así que aparta.