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Desde el abandono de uno de sus padres Lein se convirtió en una persona impulsiva y a sus 17 años no sabe qué rumbo tomar. Lo único que...
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DICHOSA
LEIN
De alguna manera el único consuelo que tenía era el recuerdo de nuestros labios juntos. Eso me calmaba y poco a poco mi enfado iba disminuyendo. Solo esperaba que ella no me decepcionara como han hecho todos. Las semanas siguientes pasaron rápido con ella a mi lado. Todo estaba fluyendo tan bien entre nosotras que me parecía un sueño, paseábamos juntas, íbamos a comer a nuestro sitios favoritos, ella me obsequiaba besos dulces al vernos y al despedirnos, y cada vez que nuestros labios se tocaban yo sentía que estaba en el cielo.
Enseguida pasó un mes aún no habíamos definido nuestra relación, lo que hacía que me sintiera insegura, no quería presionarla, pero la oscuridad en mi corazón reinaba de tal manera que cuando estábamos separadas no podía pensar en otra cosa que no fuera ella.
Ella lograba que me olvidase de mis demás problemas. Es mi refugio y simplemente siento que no puedo vivir sin su calor. Al principio cuando iba a dejarla a su casa solo me daba ligeros besos pero el deseo de ir más allá crecía en mí como un río a punto de desbordarse.
Alicia iba a su ritmo y a mí me parecía bien. Sin embargo, algunas veces la veía sonreír con otros chicos y los celos ardían sin ni siquiera saber porque. Lo que me incomodaba aún más, es que en el instituto nada cambió, ella seguía hablando amistosamente con Denis, cuando yo creía que su amistad había terminado.
Ella al ver mi enfado simplemente me abrazaba y besaba. Me reconfortaba cuando me decía que no tenía sentido que yo sintiera celos porque yo era la única a quien ella quería.
El día en que le pedí que fuera mi novia fue una locura, nunca antes había estado tan nerviosa como en aquella ocasión. A pesar de que no era la primera a la que quería, con ella todo era diferente. Todo era más especial así que sin dudarlo hice que ese día fuera el mejor para ambas.
Fuimos a un lugar bonito que yo con mi escasa economía podía permitirme y después nos dirigimos al sitio donde tantas veces estuvimos escondidas del mundo mostrándonos el amor que sentíamos.
— ¿Quieres ser mi novia?—. Pregunte cohibida.
Ella abrió los ojos como platos, pero enseguida sonrió con cariño.
—Claro que si Lein—. Dijo y mi mundo dio un vuelco.
Mi cara de felicidad debió contagiar porque enseguida se lanzó a besarme como solo ella sabía hacerlo. Con Alicia a mi lado sentía que ya no necesitaba nada más.
Ese día le pedí al universo que no la apartara de mí. Sinceramente no sabría qué hacer si ella decidiera abandonarme. Después de que aceptara, prometió pasar la noche conmigo, mi corazón enseguida empezó a dar botes desesperados en mi pecho.
Su sonrisa brillante y amplia, me demostró lo feliz que se encontraba. Fuimos a mi casa y mi padre por supuesto no estaba. Agradecí al cielo, por primera vez en mi vida que papá no estuviera. Subimos a mi habitación y le presté una camisa de las que yo solía usar para dormir. Tímidamente se quitó la ropa delante de mí.
Sentí por primera vez el deseo de reflejarse desde el fondo de mi corazón, su espléndida figura en esa desordenada camiseta lucían angelicalmente encantadoras.
Yo solo me coloco unos pantalones cortos y una delgada camiseta igual de desordenada. Me sonrío y abrazo. Sabía que no pasaría nada que ella no quisiera realmente. Juntas nos acurrucamos debajo de mis sabanas de color violeta.
Alicia miraba emocionada la decoración de mi habitación, veía los pósters y las pegatinas de mis bandas de rock favoritas.
Soltó una risita.
—A mí también me gustan esos grupos.
—¿Y a quién no?
Me abrazó más fuerte y yo besé sus labios. Me rodeo el cuello y profundizo el beso. Su lengua se introdujo en mi boca y yo la acepté gustosa. Rodeé sus hombros con mis brazos, ella se pegó más a mí y lanzó una pierna sobre mi cadera.
Mis sentidos se pusieron alerta. No quería dar ese paso todavía, es cierto que estaba enamorada pero ir tan rápido me incomodaba.
—Mi amor—susurré— ¿estás segura de esto?
No respondió, pero tampoco se detuvo, continuo acariciándome.
—Lein...– Gimió.
Ella parecía necesitar aquello asi que accedi, y aunque me sentí incomoda, ver como ella disfrutaba me obligue a relajarme, si ella era feliz, todo lo demás no importaba.
Me permití tocarla y acariciar cada parte de ella, me sumergí completamente en el placer que yo podía darle. Lo único que hicimos en toda la noche fue demostrarnos el amor que nos teníamos y que había surgido tan genuinamente.
Desearía que el día siguiente no llegase, que solo por esta vez la noche fuera eterna.
Que solo por esta vez, yo pudiera amarla para siempre.
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