-Hola pequeña.-dijo la voz de Liam.
-Liam..errr...hola-mis pies movían la nieve nerviosamente.
-¿Cómo van tus vacaciones?-preguntó como si nada.
-Bien.-mentí-las tuyas?
-Bien, estoy recuperando el tiempo con mi familia, pero ya te echo de menos.
Mi corazón se encogió.
-Y por eso pasastes de mi después de hablar de lo del beso..-lo solté.
-Ann...yo...pensaba que lo habías olvidado. Te di unos días para que pasaras página, yo tengo novia Anne, y la quiero.
-Yo he pasado página Liam, ese beso no significó nada para mi.-mentí por segunda vez y mis lágrimas se acumularon en mis ojos.
Hubo un largo silencio.
-Me alegro por ello, pero sigues siendo mi mejor amiga ¿sí?
-Supongo. Bueno Liam ya hablaremos.-Y lo colgué sin que pudiera decir nada más.
Me senté y comencé a llorar, mis pantalones se estaban mojando, pero me daba igual. Parecieron horas cuando mis lágrimas acabaron y toda empapada regresé a casa.
Arrastraba mis pies por las calles, el cielo gris amenzaba de nieve de nuevo. El metal ya no era frío para mí cuando abrí la verja de casa. Al oír la puerta cerrarse mi madre corrió a mi.
-¿Dónde se supone que has estado? Han pasado h..-paró al verme.-Ann estás empapada.
-Dime algo que no sepa.-contesté secamente.
-A mí no me contestes.-lo que me faltaba.
-Mamá no estoy de humor, no ha sido un gran día, cuando empieces a hacer las labores de una madre y no a echarme la bronca por todo llámame.
Subí las escaleras de dos en dos y me metí en el baño. Llené la bañera de agua ardiendo y después de desnudarme me metí, sintiendo como poco a poco mi cuerpo se temblaba. Amargas lágrimas caían al agua, haciéndola más salada. Mi móvil vibró desde la mesilla, una, dos, tres veces. Pero no lo cogí. La puerta sonó varias veces. Pero no abrí. Solo quería llorar hasta desidratarme.
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