Como cada catorce de mayo, mi madre me despertó con una suave caricia y un dulce beso en la frente. Todavía cansado, me llevé las manos hacia el rostro rascándome así los ojos. Mi madre esbozó una sonrisa mirándome enternecida con sus manos encima del pecho.
—Ya eres todo un hombre—dijo. Le devolví tímidamente una sonrisa la cuál acabó en una pequeña carcajada de mi parte.
Bajó a preparar el desayuno volviendo a la normalidad y pidiéndonos a gritos, tanto a mi padre como a mi, que no tardaramos en bajar. Entré al baño y con bastante pereza me di una ducha rápida y fría para después vestirme con lo primero que vi en mi armario, o en el suelo, quizás. Me eché encima el pote entero de colonia que a Haru tanto le gustaba y que, siempre que la llevaba, se acercaba a mi olisqueándome como si de un animal se tratara para acabar diciendo "hmm...huele a hombre".
Me miré al espejo confirmando que tenía la misma cara de siempre y que ningún monstruo me la había arrancado mientras dormía -sí, tenía demasiadas imaginaciones por culpa de las películas que Haru me obligaba a ver-. Una vez listo, me agaché para buscar un caja de debajo de mi cama y bajar corriendo de dos en dos las escaleras.
Una vez en la cocina divisé a mis padres parloteando sobre lo mucho que había crecido, sobre que hacía poco yo aún era más bajo que Haru y llegaba a casa llorando porque ella, con una fuerza mayor que la mía, me había golpeado. Rodé mis ojos y les miré con cara de pocos amigos.
—Eso pasó hace mucho tiempo—les recordé entonando los ojos y señalándoles con el dedo índice a la vez que me llevaba un trozo de pan a la boca.—Además, ya soy todo un hombre—repliqué golpeando mi hombro enseñando la mejor postura de macho que sabía hacer.—Por cierto, ¿dónde está mi vaso de leche?
Sin entender por qué, mis padres comenzaron a reír.—Hoy es tú cumpleaños, ¿creías que se me iba a olvidar hacer Miyeokguk?—preguntó. Simplemente asentí esperando a que me sirviera el enorme bol con sopa. Después de dos cucharadas, agarré el bol, me puse los zapatos y salí lo más deprisa que pude con el Miyeokguk en las manos.
—¿Dónde vas?—preguntó mi madre—¡Tienes que desayunar!
—¡Voy a casa de Haru, desayunaré allí!
Me planté delante de la casa de la familia Choi, la cual estaba a diez pasos de la mía. Cuando la señora Choi, que estaba regando las plantas, me vio casi llorando quejándome de lo caliente que estaba el bol, sonrió y me dejó pasar. Iba a saludarla, pero se me olvidó y fui directo a la habitación de Haru.
—¡Feliz cumpleaños pequeño!
—¡Gracias señora Choi!
La puerta de la habitación de Haru, para mi suerte, estaba abierta, así que simplemente entré dejando el bol encima de un mueble y me paré un segundo para inspeccionarla. Como siempre, no podía decir que se veía hermosa como una preciosa bella durmiente ya que más bien era la viva imagen de la niña del exorcista cuando bajaba las escaleras de espalda gritando qué sé yo -sí, tenía un trauma con esa película-. De mis labios se escapó una sonrisa, pues hiciera lo que hiciera me encantaba, joder. Incluso así me seguía pareciendo preciosa. Qué asco esto del amor.
—¡Ya!—grité moviéndola con el pie—¡Despierta vieja durmiente!
Haru comenzó a abrir sus pequeños ojos como si le costara la vida aquello. Su cabello estaba hecho un desastre y la muy cabrona dormía con una camiseta mía que yo jamás le había dado. De todas formas, no pude evitar esbozar una sonrisa a la vez que mis mejillas se sonrojaban. Estiró los brazos bostezando abriendo la boca como si allí dentro cupiéramos yo y diez más.
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Butterfly.»Kim Taehyung
FanfictionTengo miedo de que si suelto tu mano, vueles lejos, te rompas. ✨shysandy✨
