Camellia, veinte años , tan hermosa y única como el capullo apenas vivo en primavera, pero oculta entre toda la variedad de tantos brotes exuberantes.
Entre toda esa multitud, hay un pequeño brote, en dónde Camellia se siente atraída de una manera...
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D O S
[ UNA RELACIÓN SALVADA]
Cuando amanecia en mi antiguo hogar, la luz inundaba todo el cuarto, tenía que levantarme lo más rápido posible ya que si no, me dejaba totalmente cegada por si resplandor, era algo que me encantaba por qué de una manera sentía la presencia de mi madre conmigo, sentía que diario venía a visitarme y a darme los buenos días.
Y ahora, ni siquiera abriendo las cortinas puedo tener un poco de luz sin que me vean en paños menores todo el tiempo.
—Buenos días—llego Támara sin tocar la puerta, era algo que me molestaba demasiado, siempre le repetía que por favor tocara la puerta antes de entrar, ella pareció olvidarlo, sinceramente ya estaba cansada de repetírselo todo el tiempo, que me termino dando lo mismo.
—Hola—le conteste somnolienta—¿Qué hora es?—
—Las nueve de la mañana— contesto mientras quitaba las sabanas de mi cama.
—¡Voy a llegar tarde a clase!—me levante corriendo de la cama, me metí al baño y me duche rápido.
Cuando salí tome la ropa lo más rápido que pudiera, al final termine con unos jeans, mis tenis y una sudadera con el estampado de "I Love New York".
"Lo sé, me encanta Nueva York"
Cuando llegue a la cocina, Tamara estaba cocinando no sé qué cosa, la verdad es que el olor no era nada agradable, en lo personal no me gustaba su comida, tenía un sazón muy diferente al de mi hermana.
"Te extraño Cyclamen"
—Voy a tomar un pan tostado, no me da tiempo de desayunar, regreso en un par de horas—tome mis llaves y estaba a punto de girar el pestillo de la puerta cuando Tamara me llamo.
—No puedes irte sin desayunar—
—Tengo un pan—le dije y ella al instante me asesino con esos ojos de pistola que me lanzó—Lo he hecho toda mi vida Tamara, no veo por qué un día me vaya a afectar, no es como que me vaya a dar un coma por no desayunar—reí con lo último, ella no pareció captar la broma.
"Alguien amaneció de muy mal humor hoy" susurre por lo bajo.
—¿Qué dijiste?—pregunto mientras levantaba el cuchillo.
"Oh, si escucho"
—Que muero de ganas por probar tu exquisita comida pero hoy no—le dije sonriendo y literalmente me salí corriendo de ese penthouse.