O3. Tormenta emocional

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En la mañana siguiente, cuando abrí los ojos, el pulso de mi cabeza competía con el ruido del latir de mi corazón. La luz se filtraba por las cortinas entreabiertas, pintando la habitación con una suavidad que contrastaba con mi estado de ánimo. ¿Qué había pasado anoche? La sensación de confusión me envolvía mientras intentaba recordar los eventos que llevaron a este dolor de cabeza palpitante.

Mis ojos vagaron por la habitación, registrando cada detalle: las paredes blancas impolutas, el suelo de madera pulida y, a mi lado, la presencia de Hidden. Dormía pacíficamente, su respiración tranquila era el único sonido que rompía el silencio de la habitación. La luz matinal acariciaba su rostro, revelando sus rasgos delicados y suavizando las líneas de tensión que a menudo adornaban su expresión.

Y entonces lo recordé todo.

Cada caricia, cada susurro de deseo, resonaba en mi memoria como ecos de un placer compartido. Desde el roce suave de sus manos sobre mi piel hasta el calor intoxicante de sus labios contra los míos, cada sensación estaba impregnada de un anhelo profundo y una conexión palpable.

Recuerdo el calor de su piel contra la mía, la forma en que sus manos expertas exploraban cada centímetro de mi cuerpo con una devoción casi sagrada. Recuerdo el sonido de su voz, ronca con el deseo mientras susurraba palabras. En ese momento, no éramos dos extraños unidos por un acuerdo matrimonial, éramos dos almas encontrando consuelo y redención en los brazos del otro.

Pero ahora, a la luz del día, la vergüenza se mezclaba con el placer mientras reflexionaba sobre lo que habíamos compartido, preguntándome si había sido un error sucumbir a la tentación de esa manera, a pesar de mis dudas y temores, una parte de mí no sabía si esos momentos compartidos con Hidden eran verdaderos y genuinos.

Al recordarlo, una mezcla de emociones me embargaba: el éxtasis de aquellos momentos de intimidad compartida, el asombro de haberme permitido ser vulnerable ante él, y la incertidumbre de lo que aquella pasión desatada significaba para nosotros ahora.

Observarlo dormir, aunque debería ser un momento de paz, solo avivaba las brasas de la confusión y la incomodidad que sentía hacia él. ¿Por qué me sentía así? Era un hombre guapo, eso era innegable: la nariz perfectamente formada, los labios finos y definidos, y esos ojos verdes que parecían atravesar mi alma. Pero aun así, había algo en él que me hacía sentir incómoda, algo que no podía identificar con claridad.

Un suspiro escapó de mis labios mientras cerraba los ojos brevemente, intentando calmar el dolor pulsante en mi cabeza.

¿Cómo había llegado a esta situación? ¿Qué me había llevado a despertar en una habitación desconocida, al lado de un hombre que apenas conocía?

La voz de Hidden, ronca por el sueño, rompió el silencio, y mis ojos se abrieron de golpe mientras me giraba hacia él. Sus ojos se encontraron con los míos, y una sonrisa se dibujó en su rostro, iluminando su expresión.

— ¿Buenos días?— murmuró, su voz cálida y ligeramente ronca, como si acabara de despertar de un sueño profundo.

—Buenos días. — respondí con cortesía, aunque mi voz sonaba un poco rígida, como si estuviera luchando por mantener la compostura.

Hidden se estiró perezosamente, sus músculos se tensaron bajo la tela de la camiseta que llevaba puesta. Observé su movimiento con una mezcla de fascinación y desconfianza, preguntándome qué pasaría a continuación.

La confusión se cernía sobre nosotros como una sombrA. No sabía si era el momento adecuado para abordar el tema, ni si Hidden también estaba lidiando con sus propios sentimientos revueltos.

Cada mirada furtiva, cada gesto cuidadosamente calculado, parecía contener un universo de significado no dicho. Me preguntaba si él también estaba atormentado por la misma tormenta emocional que me consumía por dentro, si sus pensamientos y deseos se alineaban de la misma manera que los míos.

El Enigma De Hidden BennettDonde viven las historias. Descúbrelo ahora