O7. Impaciencia y necesidad

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¿Pero quién rayos podía ser? Las luces de un automóvil iluminaban el camino, cegándome momentáneamente. No pude distinguir bien qué tipo de auto era, pero no me importó en ese momento.

El miedo me invadió y salí corriendo hacia donde estaba Hidden. El pánico se apoderó de mí. Cuando finalmente llegué, irrumpí en su oficina llorando desconsoladamente. Mi respiración era errática y el corazón me latía con fuerza.

Hidden estaba reunida con tres hombres. Al verme entrar de esa manera, sus conversaciones se detuvieron abruptamente. Los ojos de los tres hombres se clavaron en mí, llenos de sorpresa y curiosidad. La tensión en la sala se podía cortar con un cuchillo.

—¿Qué es lo que pasa, princesa? —me preguntó Hidden al oído, mientras me abrazaba y me peinaba el cabello con una de sus manos. Su voz era suave y tranquilizadora, casi hipnótica.

—Alguien viene, Hidden —le susurré, tratando de que los hombres no escucharan. Sentía un nudo en el estómago de la vergüenza—. Vi las luces de un auto viniendo hacia acá y...

—¡Oh! Basta, princesa —me interrumpió Hidden con una sonrisa tranquilizadora, acariciándome el cabello con más firmeza. Empezaba a gustarme que me llamara "princesa"—. Es sólo Matt.

Sentí cómo el calor subía a mis mejillas. Rayos, había actuado como una idiota, y todo por nada. Los tres hombres seguían mirándome, aunque sus expresiones se suavizaban con algo que parecía mezcla de comprensión y diversión. Me alejé un poco de Hidden, tratando de recomponerme, mientras ella me daba una última caricia en el cabello y me sonreía con ternura.

—¿Todo bien? —me había asustado.

—Ya te dije que mientras estés a mi lado, nada te va a pasar, Aleisha —me dijo, besándome en la frente. Su beso era cálido y reconfortante, disipando lentamente el pánico que aún sentía—. Ve a la habitación, en unos minutos voy.

Asentí, aún sintiendo la mirada de los tres hombres sobre mí, pero el beso de Hidden me había calmado lo suficiente. Me dirigí hacia la puerta, aún temblando un poco, pero confiando en sus palabras.

Le di un último beso en los labios y me fui a la habitación como me lo había ordenado. Me senté en una cómoda silla que estaba junto a la ventana y encendí la televisión, esperando que algo lograra distraerme. Pero la verdad es que estaba aburrida y ya quería que Hidden llegara.

Todo el día había estado ocupado con su "trabajo" y no tuvo tiempo para mí. Aunque sabía que era su deber protegerme, no me gustaba que se ocupara del todo en sus asuntos, dejándome a un lado. Sentía una mezcla de impaciencia y necesidad de su compañía, deseando que esos minutos pasaran rápido para tenerlo de nuevo conmigo.

A la mañana siguiente desperté a las 6:00 en punto. Había puesto la alarma la noche anterior; tenía que ir a la escuela.

Me di cuenta de que Hidden no estaba en la cama y empezaba a creer que nunca lo estuvo. Un sentimiento de vacío se instaló en mi pecho, pero lo aparté. De mala gana, me levanté y me dirigí hacia el baño.

El frío del suelo me hizo estremecer. Me miré al espejo mientras me lavaba la cara, tratando de espabilarme. El cansancio de la noche anterior aún pesaba sobre mí.

—Buenos días, Aleisha —me saludó Hidden cuando me vio entrar a la cocina—. ¿Vas a ignorarme? —preguntó al ver que no le contestaba.

—Buenos días, Marie —le dije a la empleada de Hidden, ignorando deliberadamente su pregunta.

—¡Oh! Buenos días, Aleisha —contestó ella apenada, mirando a Hidden, que aún no podía creer lo que pasaba—. ¿Va a desayunar?

Asentí, intentando mantener la compostura mientras me sentaba a la mesa. El ambiente en la cocina se sentía tenso, y podía notar la mirada inquisitiva de Hidden sobre mí.

El Enigma De Hidden BennettDonde viven las historias. Descúbrelo ahora