O4. Discreta distancia

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Escuché el ligero chirrido de la puerta al abrirse, pero apenas lo registré, sumergida como estaba en el letargo que me envolvía.

Hace aproximadamente un mes, Hidden me animó a continuar con mis estudios universitarios.

A partir de ese momento, comencé a sumergirme en el proceso de admisión para ingresar a una universidad de renombre de arte. A pesar de las dificultades y los obstáculos en el camino, con la ayuda y el apoyo de Hidden, logré superar todas las barreras y fui aceptada en una prestigiosa institución.

El proceso fue agotador, desde reunir mis expedientes académicos hasta preparar la solicitud de ingreso y enfrentar entrevistas y exámenes de admisión. Además, gracias a algunas gestiones de Hidden, pude ingresar a mitad del semestre, lo que significaba que el ritmo y la intensidad de las clases ya estaban en marcha cuando finalmente puse un pie en el campus.

El primer día de clases, que fue ayer, fue emocionante pero agotador. Todo era nuevo y desconocido, desde el campus hasta los compañeros de clase y los profesores. Sentí la presión de ponerme al día rápidamente y de adaptarme a un entorno académico completamente nuevo. La sensación de estar en un ambiente tan exigente y competitivo, sumado al agotamiento físico y emocional de los últimos días, me dejó exhausta.

Hoy, simplemente no tengo energía para nada más que para descansar. Llegué a casa y me dejé caer en la cama, dejando que el sueño me envolviera en su cálido abrazo. Ha sido un mes lleno de cambios y desafíos, y necesito recargar mis energías para enfrentar lo que vendrá en los próximos días.

Con un susurro suave y cercano, Hidden rompió el silencio, su aliento cálido rozando mi oído mientras pronunciaba mi nombre en un tono casi inaudible.

Abrí los ojos lentamente, encontrándome con su mirada tierna y penetrante que parecía escudriñar mi alma. Me estremecí involuntariamente ante su presencia, preguntándome cómo era posible que unas simples palabras suyas pudieran provocar en mí una reacción tan intensa.

—¿No vas a cenar? —repitió, su voz suave como un susurro. Parpadeé un par de veces, aún aturdida por el sueño y el efecto de su cercanía.

—Ah, no... no tenía hambre—, murmuré, frotándome los ojos adormilados en un intento de despertar completamente.

Hidden asintió con comprensión, su rostro mostrando una expresión de suave preocupación.

—La señora María te preparó la cena, no deberías saltártela—, dijo con tono suave pero firme.

Simplemente asentí y lo seguí escaleras abajo hacia el comedor, donde se encontraba ya puesta la mesa esperándonos para poder sentar a comer.

Bajé la mirada hacia el plato frente a mí, donde se encontraba un suculento pollo asado acompañado de una fresca ensalada y un tentador aderezo. Aunque mi estómago gruñía ligeramente, la sensación de apatía que me embargaba me impedía sentir el más mínimo interés por la comida. Sin embargo, Hidden insistió, sirviéndome un poco de cada plato con una gentileza que no podía ignorar.

—Come todo—, instó con una sonrisa alentadora, pero mis ganas de comer eran escasas y respondí con un simple murmullo de desinterés.

Hidden frunció levemente el ceño, notando mi falta de entusiasmo.

—Desde que llegamos, estás muy desanimada, Aleisha—. observó con una mirada preocupada, mientras tomaba un sorbo de su copa de vino y se limpiaba los labios con una servilleta con elegancia.

—No es cierto, he comido más de lo habitual— respondí en un intento de disipar sus preocupaciones, aunque en el fondo sabía que mis palabras carecían de convicción.

El Enigma De Hidden BennettDonde viven las historias. Descúbrelo ahora