La atmósfera en la habitación se cargó con electricidad mientras Hidden expresaba su enojo de manera contundente. Sus palabras resonaban en el aire, llenas de frustración y una especie de miedo oculto. Me encontré defendiendo mi posición, sintiendo la necesidad de afirmar mi autonomía y mi derecho a tomar decisiones sobre mi propia vida.
—Pero solo vino a hacer un trabajo... conmigo —intenté explicar, tratando de calmar la situación.
La respuesta de Hidden fue inmediata, sus palabras cortantes como cuchillos.
—Por eso no quiero que vayas a la universidad, traerías gente a la casa —su tono era duro, lleno de una determinación obstinada que me dejó sin aliento.
La indignación creció dentro de mí ante su acusación implícita. ¿Cómo podía insinuar que mi deseo de educarme era motivo para prohibirme socializar o trabajar en equipo con otros estudiantes?
—¿Qué rayos te pasa? —exclamé, levantándome de mi asiento y avanzando unos pasos hacia él, mi voz temblando con emoción contenida.
—¿Qué rayos te pasa a ti? —me respondió Hidden con furia, sus ojos oscuros y sus manos apretadas en puños mostrando su agitación interna—. ¡Deberías haberme avisado!
Traté de mantener la calma, aunque sentía que mi paciencia estaba llegando a su límite.
—Hidden, por dios —dije, luchando por mantener la compostura—. Era una tarea de último momento, y no tengo por qué darte explicaciones.
La respuesta de Hidden fue un recordatorio de su autoridad sobre la casa, una afirmación de poder que me hizo retroceder.
—¡Es mi casa! —me recordó, con voz dura y autoritaria.
—¡Eso no te da derecho a tratarme de esa manera! ¡También es mi casa! —respondí con vehemencia, defendiendo mi territorio y mi dignidad.
La tensión entre nosotros era palpable, un choque de voluntades que amenazaba con desbordarse en cualquier momento.
—Solo sigue mis indicaciones, Aleisha —su tono era un desafío, una advertencia velada de las consecuencias de desobedecerlo.
—Vete al diablo, Hidden —declaré, tomando mi mochila y subiendo corriendo a mi habitación, sintiendo la necesidad de escapar de su presencia opresiva y autoritaria.
Mientras cerraba la puerta detrás de mí, me dejé caer sobre la cama, sintiendo el peso del conflicto que se había desatado. ¿Por qué Eunnice había reaccionado de esa manera ante Hidden? ¿Qué secretos ocultaban ambos que yo aún no conocía?
Las lágrimas continuaban fluyendo sin control, como un torrente desbocado que arrastraba consigo mis pensamientos y emociones. Me dejé caer sobre la cama, envuelta en un mar de almohadas y sábanas, mientras el peso de la confusión y la angustia se posaba sobre mis hombros. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué Hidden me ocultaba algo tan importante? ¿Y qué podía ser tan terrible como para no tener el coraje de decírmelo?
Cubrí mi rostro con las almohadas, ahogando mis sollozos en la suave tela mientras dejaba que las lágrimas se deslizaran por mis mejillas. ¿Acaso me estaba ocultando algo peligroso? ¿Por qué no tenía el valor suficiente para enfrentarlo y exigir respuestas?
La voz de la señora María me sacó de mi tormento emocional, rompiendo el silencio opresivo que envolvía la habitación. Sentí su presencia reconfortante a mi lado, sus suaves caricias en mi mejilla ofreciéndome un consuelo silencioso en medio de mi desesperación.
—Señorita Aleisha, se quedó dormida y tiene que ir a la escuela —me habló con dulzura, su voz resonando con preocupación—. ¿Le preparo el desayuno?
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El Enigma De Hidden Bennett
RomanceEl enigma de Hidden Bennett "Me dejé llevar por todas sus virtudes, ignorando sus secretos más oscuros y profundos, de los cuales mi vida pendía. Lo amaba, de eso estaba segura. Pero la certeza de su amor ocultaba el temor de lo desconocido." Stran...
