_________tn POV’
Le mire perpleja.
Él no podía decirme esto, no ahora.
Me odiaba a mí misma por hacer que lo dijera.
Me quede observándolo por unos segundos, ninguno de los dos dijo nada, ni siquiera nos movimos, nada.
Todo lo que quería es escuchar lo que había dicho, seguir escuchándolo hasta que me cansará, pero también quería que no lo hubiera dicho.
No, no podía más, no podía verlo y negarme a quererlo, cuando aún sentía algo por él.
Me sentía tan mal en todo.
Él negó con la cabeza de repente.
-Por favor, dime que sientes lo mismo que yo –Suspiro.
Lo mire, parpadeé.
Abrí mi boca intentando que salieran algunas palabras, confesarle lo que sentía.
Quería confesarle que aún lo amaba, que aún quería estar con él, que sentía exactamente lo que él sentía, que lo ame desde el primer momento en que lo vi, pero nunca lo confesé, que me sentí tan protegida cuando me beso por primera vez, que cuando él estaba conmigo me sentía en casa, que mi yo cursi salía, cuando estaba con él.
Y salieron las palabras.
-Lo siento…, no puedo –suspiré.
Me levanté del banco e intenté caminar lo más posible lejos de él, pero me detuve y sus pasos pararon justo detrás de mí, me gire y quedamos frente a frente.
Posó ambas manos en mis mejillas y se acercaba lentamente a mí.
Sus ojos mieles clavados en los míos era lo único que podía apreciar. Me habían hipnotizado.
Sentí su aliento justo en mi boca, era cálido, y eso hacía ponerme de nervios.
Me sentía como una colegiala, cuando está a punto de dar su primer beso, al chico que tanto adora.
-Te necesito –Susurré, justo en sus labios.
-Te amo.
Eso fue lo único que susurró, antes de que me besara y yo cerrará mis ojos, sintiendo su beso, mi cuerpo ardía y mi corazón latía que sentí que podría salir de mi pecho.
Mis manos se posaron en sus cabellos dorados, haciendo que mis dedos jugaran con él.
Sus besos eran mi perdición, era caer hasta el fondo de un pozo profundo que no se detenía y nadie podía salvarme, más que él.
Sus brazos se posaron en mi cintura y me apegaron más a él. Era un beso de amor.
Era el beso perfecto. O así lo sentí yo.
*
Habían pasado dos días y mi hijo no aparecía.
Cada día que había pasado lejos de él me odiaba, me odiaba por el simple hecho de haberme descuidado y no haberlo protegido como debí haberlo hecho.
Al paso del primer día, mi padre me llamó, preguntándome del por qué no había llegado a Nueva York, así que se enteró de que su único nieto había desaparecido, y ahora la marina y el ejército más poderoso buscaba incansablemente a mi pequeño bebé.
Estaba sentada en un banco de dos personas, viendo a los policías correr de un lado a otro por las oficinas de la interpol*.
Un mensaje lleno mi bandeja de entrada e hizo sonar mi teléfono celular.
De: Desconocido.
Texto: Tú hijo está bien, sólo tienes que irte lejos y hacer que tu papi deje de mover a todo mundo en busca de él, olvida a tu hijo y al mío.
Leí una y otra vez el mensaje.
Me levanté del banco y entre a la oficina del investigador, quien ahora preguntaba cosas a Justin.
Ambos me miraron con ojos abiertos.
Imaginaba que mi cara era de horror y por eso me miraban así.
Le tendí el celular a Justin, al verlo y leer el mensaje me miro y tomó mi mano haciéndome sentar en la silla acolchonada de la que se había levantado.
El celular paso a manos del investigador quien al terminar de leerlo apretó un botón y de inmediato policías con diferentes trajes lo tomaron, colocando el chip en una máquina.
La máquina empezó a registrar a señal digital de dónde provenía el número.
Nueva York, zona Bronx.
